FACTORES DE RIESGO PARA DESARROLLAR DEPRESIÓN.

Información tomada de “LA GUIA PARA EL DIAGNOSTICO Y TRATAMIENTO DE LA DEPRESIÓN”, el contenido publicado en esta guía ha sido elaborado, como síntesis de las guías y publicaciones indicadas en las referencias, por el departamento de redacción médica de LatinComm S.A. y distribuido por Farmassa Schwave.

Yo lo he revisado y aporta información valiosa para el paciente y comunidad médica.

Factores de riesgo para el desarrollo de depresión

El desarrollo de depresión esta influenciado por una serie de factores de riesgo de origen biológico, psicológico y social. Estos factores de riesgo no solamente determinan la probabilidad de aparición de depresión si no también el momento de desarrollo de la misma.

Origen biológico

  • Herencia
  • Genero femenino
  • Actividad reducida de neurotransmisión serotoninergica
  • Hipersecreción de cortisol
  • Concentraciones reducidas de testosterona y dehidroepiandrosterona
  • Enfermedades concomitantes (accidente cerebrovascular, infarto de miocardio, diabetes, hipertensión, rotura de cadera)
  • Abuso de alcohol y dependencia

 

Origen psicológico

  • Desordenes de personalidad
  • Neuroticismo
  • Distorsiones cognitivas
  • Abuso físico o sexual en la niñez
Origen social

  • Eventos de estrés (duelo, perdida de trabajo)
  • Molestias diarias
  • Estado marital
  • Estado socioeconómico

 

La mujer presenta un riesgo de depresión incrementando al doble con respecto al género masculino.  Aunque las causas del incremento de depresión en el género femenino son desconocidas, no han encontrado diferencias entre ambos géneros en la prevalencia de depresión previa ala pubertad. Estudios realizados en pacientes gemelos afirman que la herencia influye en el riesgo de aparición de depresión. Factores genéricos explican el 16% de la variación en el puntaje de depresión total de la escala CES-D (Center for Epidemiologic Studies Depression Scale) y un 19% de la variación en los síntomas somáticos. Por lo tanto, individuos con familiares cercanos con antecedentes de depresión clínica presentan un riesgo incrementado de desarrollo de depresión.

 

Estudios realizados en pacientes gemelos afirman

que la herencia influyen en el riesgo de aparición de depresión

Se han identificado posibles marcadores bioquímicos asociados con un mayor riesgo de depresión. La hipofunción serotoninergica ha sido evaluada por estudios con radioisótopos, determinándose que pacientes con depresión presentan una disminución en la expresión de los receptores serotoninergicos plaquetarios con respecto a voluntarios sanos. Las alteraciones neuroendocrinas son frecuentes en pacientes depresivos. Tanto una hipersecreción del factor liberador de corticotrofina (CRF) y de cortisol, como concentraciones reducidas de dehidroepiandrosterona y testosterona se han asociado con mayor incidencia de depresión. Es ampliamente conocida la existencia de una asociación entre enfermedades cardiovasculares y depresión. Un tercio de los pacientes con accidente cerebrovascular  isquémico desarrollan cuadros depresivos. La hipertensión también ha asociado a un riesgo incrementado de depresión. Otras condiciones medicas que predisponen la aparición de depresión son el infarto agudo de miocardio, la diabetes y la fractura de cadera. Un estado funcional disminuido producto de enfermedades físicas y desordenes de demencia son las causas mas importantes  de la depresión en ancianos.

Condiciones médicas como accidente cerebrovascular, hipertensión, infarto agudo de miocardio, diabetes y fractura de cadera predisponen la aparición de depresión

Diferentes factores psicológicos, entre ellos atributos personales, neurosis y distorsiones cognitivas, han sido propuestos como posibles causas o contribuyentes de un estado depresivo. Una amplia variedad de factores de estrés social colaboran con el desarrollo de trastornos depresivos. Entre ellos, eventos de estrés a lo largo de la vida, duelo por perdida de un familiar, estrés crónico y bajo estatus  socioeconómico. El estado marital se encuentra íntimamente asociado al inicio y prevalencia de la depresión, aunque no influye en el éxito del tratamiento de la misma. Individuos casados o solteros presentan un riesgo de depresión disminuido en comparación de divorciados, separados o viudos. La separación y el divorcio incrementan la probabilidad de aparición del primer episodio depresivo. La existencia de un trauma temprano también predice un mayor riesgo de trastornos depresivos en la adultez. Varios estudios demostraron que niños abusados física o sexualmente presentan mayor probabilidad de aparición de aflicciones psiquiátricas, entre ellas depresión. Eventos adversos ocurridos en la niñez se asocian, además, con depresión de inicio temprano.

 

Procedimiento básico para la detección y el diagnostico de la depresión

Según el U.S. Preventive Services Task Force (USPSTF) todos los adultos deben ser evaluados para laa detección de depresión.

 

Amplias evidencias demuestran que la detección temprana en atención primaria de un trastorno depresivo permite reducir la morbilidad clínica asociada con este desorden psiquiátrico.

Existen diferentes herramientas de detección disponibles (Self-Rating Depression Scale de Zung, Inventario de Depresión de Beck, Cuestionario de Salud General y la Escala del Centro de Estudios Epidemiológicos de la Depresión) sin evidencia actual que permita recomendar un método sobre otros. Se puede elegir el cuestionario que mejor se adapte a las preferencias personales del medico, del paciente o del ámbito clínico. La realización de dos preguntas simples para evaluar el estado de ánimo y anhedonia (¿Se ha sentido deprimido, decaído o desesperanzado en las últimas 2 semanas? ¿Se ha sentido con poco interés o placer en hacer actividades habituales en las últimas 2 semanas?) es igualmente efectiva en la detección de pacientes con trastornos de depresión frente a instrumentos o cuestionarios más complejos. En caso de una respuesta positiva en evaluaciones de detección se deben realizar cuestionarios de diagnósticos completos para determinar la presencia o ausencia de desordenes depresivos específicos, como depresión o distimia. Se debe establecer, además, la severidad del trastorno depresivo y de los posibles problemas psicológicos concomitantes (ansiedad, ataques de pánico o abuso de sustancias). Aunque existe una amplia variedad de factores de riesgo asociados a la depresión, la presencia de los mismos no permite distinguir entre pacientes deprimidos e individuos sin trastornos del ánimo.

 

La realización de dos preguntas simples para evaluar el estado de ánimo y anhedonia es igualmente efectiva en la detección de pacientes con trastornos de depresión frente a instrumentos o cuestionarios más complejos

Se recomienda la realización periódica de cuestionarios para la detección de la depresión, síntomas somáticos sin explicación, condiciones de comorbilidad psicológica (desordenes de pánico, ansiedad generalizada), historial de abuso de sustancias o dolor crónico. El beneficio de la realización rutinaria de cuestionarios para la detección de trastornos de depresión en niños y adolescentes es desconocido.

 

Los médicos deben estar alerta a la posible aparición de signos de depresión en pacientes jóvenes

El valor predictivo de los cuestionarios de detección es menor en niños y adolescentes con respecto a adultos.

 Los riesgos potenciales de la realización de practicas de detección de la depresión incluyen los falsos positivos, la inconveniencia de practicas diagnosticas adicionales, el costo y los efectos adversos de la terapia antidepresiva en aquellos pacientes identificados incorrectamente como depresivos

 

Manejo General de la Depresión

El manejo general de la depresión incluye la aplicación de una amplia variedad de intervenciones y actividades.

Componentes para el manejo adecuado de la depresión

Evaluación diagnostica Seguimiento de la eficacia del tratamiento
Evaluación de la seguridad del paciente Provisión de educación al paciente y a la familia
Evaluación de impedimentos funcionales Optimización de la adherencia al tratamiento
Determinación del lugar del tratamiento Trabajo conjunto con el paciente para evitar la aparición de recaídas

1. Evaluación diagnostica

Una vez detectada la presencia de un trastorno depresivo se deberá realizar una evaluación psiquiátrica completa, que debe incluir:

  • Historial de la enfermedad actual y síntomas relacionados
  • Historial psiquiátrico, (incluyendo síntomas de manía, historial del tratamiento con registro de respuesta a tratamientos previos)
  • Historia medica general
  • Antecedentes de abuso de sustancias
  • Historia personal (desarrollo psicológico, respuesta a transiciones de la vida, eventos de estrés)
  • Historial ocupacional y familiar
  • Examen del estado mental
  • Examen físico
  • Tests diagnósticos

2. Evaluación de la seguridad del paciente

Considerado el alto riesgo de suicidio asociado al trastorno depresivo, es importante preguntar al paciente deprimido si tuvo ideas o intentos de suicidio. Pacientes con ideas suicidas deben ser derivados de manera urgente e inmediata a especialistas en psiquiatría con el probable requerimiento de hospitalización. Pacientes agitados o altamente ansiosos y aquellos que carecen de soporte social presentan riesgo incrementado de practicas suicidas.

 

3. Evaluación de impedimentos funcionales

La depresión se asocia frecuentemente con impedimentos funcionales, por lo que resulta necesaria la evaluación de la presencia, tipo y severidad de dichos impedimentos, los cuales incluyen déficit en relaciones interpersonales, trabajo, condiciones de vida y otras necesidades médicas o de salud. Los impedimentos funcionales detectados deberían abordarse adecuadamente. Algunos pacientes pueden necesitar asistencia en la programación de las ausencias al trabajo u otras responsabilidades. Otros requerirán de aliento por parte del medico para no realizar cambios drásticos en su vida durante un estado depresivo.

 

4. Determinación del lugar de tratamiento

El tratamiento de pacientes deprimidos puede ser llevado a cabo mediante niveles de atención diferentes, desde las hospitalizaciones involuntarias a un programa de cuidado ambulatorio. El especialista en psiquiatría debe elegir el lugar apropiado para realización del tratamiento, evaluando las condiciones clínicas del paciente (severidad de los síntomas, comorbilidades, tendencia al suicidio y nivel de funcionalidad). La elección del sistema de tratamiento debe incluir consideraciones en cuanto a la habilidad del paciente en el auto cuidado, la relación del paciente con el especialista y la cooperación del mismo con el tratamiento antidepresivo. Pacientes con tendencias suicidas e ideación homicida requerirán de un plan terapéutico con seguimiento intensivo. La hospitalización del paciente deprimido suele ser necesaria en aquellos que representan una grave amenaza de daño a si mismos o a otros. Pacientes severamente enfermos que no cuentan con soporte social deben ser considerados para la hospitalización o para ser incorporados a un programa de seguimiento ambulatorio. Otros pacientes que probablemente requieran de hospitalización son aquellos con condiciones médicas o psiquiátricas complicadas o que no responden al tratamiento ambulatorio.

 

 

5. Establecimiento y mantenimiento de la terapéutica

Independientemente de la modalidad de terapia seleccionada para el paciente con depresión, es importante que el especialista en psiquiatría establezca una alianza terapéutica con el paciente. La depresión requiere que el paciente participe activamente y se adhiera al plan terapéutico por periodos prolongados. Varios aspectos asociados al cuadro depresivo reducen el nivel de adhesión y eficacia clínica del tratamiento antidepresivo.

 

 

Tanto los antidepresivos triciclicos como algunos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina producen una amplia variedad de efectos colaterales que pueden afectar la adhesión al manejo farmacológico

Factores que reducen el nivel de adhesión al tratamiento antidepresivo

Baja motivación

Pesimismo en relación con la eficacia del tratamiento

Disminución en la capacidad cognitiva

Cuidado personal reducido

Daño auto infligido intencionalmente

 

 

Un tratamiento antidepresivo exitoso requiere, además, que el paciente tolere los efectos adversos asociados a fármacos antidepresivos. Tanto los antidepresivos triciclicos como algunos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina producen una amplia variedad de efectos colaterales que pueden afectar la adhesión al manejo farmacológico.

 

6. Seguimiento de la eficacia del tratamiento

Durante el tratamiento del paciente con depresión pueden aparecer o subsistir diferentes síntomas relacionados con la enfermedad. Resulta esencial el seguimiento continuo del estado del paciente, especialmente ante la aparición de impulsos destructivos. En pacientes en alto riesgo se debe considerar la hospitalización o la intensificación del régimen terapéutico. Es necesario tener en cuenta la necesidad de rediagnosticar al paciente en caso de cambios significativos en su estado psiquiátrico o de aparición de nuevos síntomas.

 

 

 

7. Proveer educación al paciente y a la familia

Todos los pacientes deben ser educados en cuanto a la depresión y su tratamiento. En algunos casos será necesario considerar, además, la educación del entorno familiar abocada al cuidado del paciente. Las pautas de educación del paciente con depresión se basan en la concientización de que la depresión es una enfermedad real y de que el tratamiento de la misma es necesario. Estas pautas son cruciales en pacientes que atribuyen su enfermedad a un defecto moral y en los casos en los que el entorno familiar desconoce la enfermedad del paciente. La educación de los pacientes en cuanto a las estrategias terapéuticas disponibles ayuda en la toma de decisiones, en la anticipación de efectos adversos y en la adhesión al tratamiento.

 

Las pautas de educación del paciente con depresión se basan en la concientización de que la depresión es una enfermedad real y de que el tratamiento de la misma es necesario

8. Optimización de la adhesión al tratamiento

El beneficio clínico del tratamiento de la depresión depende del cumplimiento del plan terapéutico. La adhesión al tratamiento del paciente deprimido se ve comprometida por una motivación pobre, una percepción pesimista sobre la probabilidad de recuperación, la presencia de déficit en la memoria y el escaso cuidado personal. La aparición de efectos adversos o requerimientos especiales durante el tratamiento antidepresivo contribuyente de manera adicional a la falta de adhesión, particularmente en la etapa de mantenimiento, en el cual el paciente deprimido puede subvalorar los beneficios de la terapéutica. Se ha comprobado que la explicación por parte del psiquiatra de diversos aspectos del tratamiento mejora la adhesión al mismo.

Comentarios a realizar al paciente con depresión para mejorar la adhesión al tratamiento.

 

Explicarle cuando y como tomar la medicación
Explicarle la necesidad de 2-4 semanas para observar beneficios clínicos con el tratamiento farmacológico
Explicarle la necesidad de tomar la medicación siempre, aun cuando se sienta mejor
Explicarle la necesidad de consultar al medico antes de la discontinuación del tratamiento
Explicarle que hacer ante la aparición de problemas y/o preguntas relacionadas con el tratamiento

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La reducción de la complejidad del régimen terapéutico y de los costos del mismo mejora la adhesión al tratamiento, especialmente en pacientes ancianos. Otra estrategia para optimizar el apego es involucrar a los familiares cercanos en las pautas del tratamiento antidepresivo.

9. Trabajo conjunto con el paciente para evitar la aparición de recaídas

Dado que la depresión es un trastorno crónico caracterizado por episodios de exacerbación, tanto el paciente como su entorno familiar deber ser educados en la importancia del riesgo de recaídas, a fin de que sean capaces de identificar tempranamente los signos y síntomas de nuevos episodios de depresión. Los pacientes deben ser instruidos para iniciar rápidamente el tratamiento antidepresivo adecuado para reducir la gravedad de la exacerbación y las complicaciones del nuevo episodio depresivo.

 

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Trastorno Obsesivo Compulsivo

Aquí un artículo en relación a este padecimiento que tanto sufrir provoca en nuestros pacientes, sobre todo cuando no es atendido adecuadamente.

Dejo el enlace de la fuente al final del artículo. Saludos.

Consideraciones Sobre la Etiología

y los Tratamientos del Trastorno

Obsesivo-Compulsivo, (T.O.C.). (*).

Autor: Fco. Javier López González

Psicólogo Clínico y de la Salud

CENTRO MÉDICO ESTACIÓN ALICANTE (ESPAÑA)

“… el individuo no se atrevía a atravesar un puente, pasar cerca de un embalse o peñasco o permanecer en una habitación con vigas, por miedo a que tuviera tentaciones de ahorcarse, ahogarse o precipitarse. Si se hallaba ante un auditorio silencioso, como por ejemplo en un sermón, temía que pudiera proferir en voz alta e incontroladamente palabras indecentes y malsonantes…”
Robert Burton.: “The Anatomy Melancholy”, (1883).

Resumen

Introducción.

Etiopatogenia del Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC).

Tratamiento farmacológico del TOC.

Tratamiento psicológico del TOC.

Comorbilidad o solapamiento de síntomas.

Agradecimientos.

Referencias.

Resumen

El objetivo del presente trabajo narrativo consiste en pasar revisión al estado actual de cosas referentes tanto a la etiología, como a los tratamientos psicológicos y psicofarmacológicos del trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). Hacemos una breve pero ilustrada introducción sobre qué es a lo que debe –según nuestro juicio- su peculiaridad el mencionado trastorno; obviando los criterios del DSM-IV-TR, nos lanzamos seguidamente a plantear la cuestión etiológica, tanto para el modelo bio-médico como para el psicológico, haciendo más énfasis en este último y describiendo las técnicas actuales de tratamiento. Finalizamos con un apartado de comorbilidad o solapamiento de síntomas que pudieran confundir al clínico a la hora de realizar su diagnóstico.

Introducción

Como el lector podrá colegir de la cita anterior, el Trastorno Obsesivo-Compulsivo, (TOC en adelante) no es una entidad nosológica nueva, como le pudiese parecer por la lectura de las diversas ediciones del DSM (APA), sino que incluso, remontándonos mucho más atrás en la historia, también se conocen algunos casos que, aunque aislados, no por ello fueron menos importantes e incapacitantes.

A mi juicio y como psicólogo clínico, el TOC debe su peculiaridad a 4 factores, a saber: a): la dificultad que entraña el explicarle al paciente en qué consiste su trastorno y su solución (y más aún a sus familiares y allegados); b): a la extrañeza que puede suponer para la gente con que interacciona el paciente sus conductas ritualistas, a diferencia de otros problemas de ansiedad en los cuales la evitación y/o el escape es más comprensible o menos embarazoso; c): a las técnicas de intervención que debemos utilizar los clínicos –en algunos casos incluso, temerarias y extrañísimas también- para que el tratamiento sea efectivo; y d): el hecho de ser un trastorno –como algunos autores indican- a caballo entre las “neurosis” y “psicosis”; lo que nos llevaría en cierta medida, a admitir la hipótesis freudiana de la existencia de un continuo, en cuyos polos o extremos estarían ubicadas las dos citadas entidades.

De hecho en las últimas ediciones del citado manual (DSM-IV-TR), debe especificarse para su diagnóstico “si es de tipo pobre insight”; es decir, si el sujeto la mayor parte del tiempo es consciente de que sus temores son irracionales, o está más o menos convencido de que son “reales”; aunque luego separe, para su clasificación –y con objeto de comunicación por parte de los profesionales- entre trastornos de ansiedad por un lado, (antiguas neurosis) y esquizofrenias y trastornos psicóticos, por otro (psicosis). Eje I.
No obstante como de todos es sabido, pero creemos conveniente recordar, también existe el Trastorno Obsesivo-Compulsivo de la Personalidad, como entidad nosológica, pero en este caso, evidentemente, en el Eje II.

Pero pasemos a realizar breve y humilde descripción del cuadro que nos ocupa en cuanto a su etiología, así como en lo referido a su clínica y sus tratamientos, tanto psicológicos como farmacológicos.

Etiopatogenia del Trastorno Obsesivo-Compulsivo

En lo que respecta a la etiología bio-médica del trastorno obsesivo compulsivo, los datos son bastante controvertidos; ya que, para comenzar,  en estudios de gemelos que tratan de objetivar por ejemplo y, entre otras cosas, si hay o no componente genético, algunos autores responden afirmativamente, mientras que otros no lo tienen tan claro.

Asimismo en estudios de neuroimagen se parece demostrar que hay una disfunción en los ganglios basales con una patología frontal; así como alteraciones bioquímicas relacionadas con el sistema serotoninérgico.

Ahora bien, deberíamos inquirir ¿y en qué trastorno no las hay? (las alteraciones biológicas y neuroanatómicas, claro). En la depresión se producen, en la fobia social también, en el pánico con, o sin agorafobia… etc…

Y lo que es más inaudito también… (sobre todo para los profesionales de la psiquiatría, que –afortunadamente solo algunos- lo basan casi todo en lo biológico, descartando factores ambientales y de aprendizaje p.ej.), ¿cómo es posible que con técnicas cognitivo-conductuales se consigan los mismos cambios neuroquímicos y neuroanatómicos beneficiosos que se producen con los psicofármacos? La cuestión desde luego, a nuestro juicio, es harto compleja, “dando mucho trabajo”, para pensar al menos.

Para el modelo cognitivo-conductual de la psicología que es el que mejores resultados obtiene en la actualidad, se sabe por ejemplo que hay unaalteración en el procesamiento de la información –aunque esto también es difícil de objetivar- así como una alteración en los mecanismos de excitación-inhibición centrales (SNC).

También se han propuesto como etiológicos, factores de aprendizaje como la “transmisión de información” por cualesquiera de las fuentes que sean (imágenes vistas en la tv., películas, internet, narraciones sobre otros casos), y a menudo, el comienzo del trastorno, se asocia a “eventos estresantes”, como el nacimiento o muerte de personas allegadas, el matrimonio, etc… No obstante, tenemos que insistir en que para dicho modelo no importan tanto las causas, como los procedimientos para poner remedio a dicho problema de conducta.

En este orden de asuntos, para el modelo conductual del TOC, (Foa y Kozak, 1986; Steketee, 1993), se presupone una determinada vulnerabilidad biológica y psicológica. El estrés elevaría la frecuencia, duración y la intensidad de las cogniciones intrusivas, que cabría considerarlas como “estímulos condicionados”, por los factores descritos en el párrafo anterior, y que la persona alivia su malestar por refuerzo negativo al emitir los rituales o neutralizaciones (compulsiones), que no son más que formas más o menos veladas de evitación/escape. Con lo cual, exponiendo al sujeto prolongadamente a los estímulos o situaciones que evocan las mismas y previniendo asimismo la respuesta de escape mencionada, debería remitir la sintomatología del cuadro, pero las mencionadas compulsiones ponen fin a dicha exposición, impidiendo que la ansiedad se extinga, es por esto también que se impide la reevaluación de estos pensamientos disfuncionales y, con ello, que se mantenga el trastorno en el tiempo.

No es ocioso recordar que el poner en marcha toda esta serie y suerte de rituales, lleva aparejada una considerable pérdida de tiempo que el sujeto podría utilizar en otras actividades, sean estas agradables, obligatorias (trabajo), o de otro tipo. Con lo cual se asiste por añadidura a posibles déficits conductuales de reforzamiento que, probablemente, hagan que la persona se deprima –si es que no existía una comorbilidad previa- lo que a su vez aumentaría la posibilidad de que se produjesen nuevas obsesiones, perpetuándose de este modo un círculo vicioso difícil de cortar.

El modelo cognitivo del TOC surgió entre otras cosas, para paliar las deficiencias o insuficiencias que planteaban los modelos de condicionamiento; ya que éstos explicaban, (y lo siguen haciendo muy bien) como se mantienen y extinguen las conductas obsesivas, pero no explican de forma satisfactoria –al menos para algunos, como para el autor de este trabajo- cómo se inicia o cuál es la raíz de dicho fenómeno.
Para algunos autores como Freeston, (Freeston y cols, 1996), los errores fuente del trastorno vienen dados por creencias y valoraciones que están sesgadas, sobreestimadas o exageradas y que, en definitiva, pasan a convertirse en disfuncionales. Como por ejemplo las siguientes:

  1. Exagerar la responsabilidad para sucesos que están más allá del control del sujeto y de sus consecuencias perjudiciales.
  2. Tener la necesidad de buscar un estado en el cual no existan incertidumbres; es decir, tener un control perfecto sobre los comportamientos y las cogniciones o pensamientos.
  3. Creer que la ansiedad, malestar o angustia generada por los pensamientos es inaceptable y peligrosa.
  4. Sobrestimación de la importancia de los pensamientos y sus derivaciones, como la fusión del pensamiento y la acción, y el pensamiento mágico (tener un pensamiento sobre una acción, es como realizar la misma acción).
  5. Sobreestimar, asimismo, la probabilidad y la gravedad del resultado de eventos negativos. (Como por ejemplo: “no neutralizar cuando una cognición intrusa ha sucedido, es lo mismo que buscar o desear el daño sobre el que versa la intrusión”).

Para el mencionado autor, en un estudio ejemplar, las obsesiones “normales” acontecen en población no clínica -o general- en un 84- 87%, sin que se deban considerar cualitativamente distintas de la población clínica. No obstante, Freeston soslaya un concepto que para otros autores como Salkovskis o Rachman, es de vital importancia para explicar el TOC, y es la noción de “responsabilidad”. Responsabilidad,  según Rachman significa que la persona “cree” o “interpreta” que puede causar un grave daño a otros o a ella misma, a menos que lleve a cabo una conducta preventiva o restaurativa. (Rachhman, 1993). Esta evaluación cognitiva de las obsesiones como señal disparadora de saberse responsable, es la que suscita los comportamientos o conductas compulsivas, ya sean encubiertas o manifiestas.

Así por ejemplo, si a una mujer se le ocurre un pensamiento tal como “a ver si se muere de una vez mi marido”, y lo “interpreta” como que hay una probabilidad de que ella pudiese asesinarlo, llevará a cabo comportamientos tales como el evitar quedarse a solas con él, en determinados momentos o situaciones (como en la cocina con cuchillos), separarse de él cuando esté cerca de una ventana, no pasar juntos por un puente, intentar pensar en otras cosas (evitación cognitiva), intentar encontrar reaseguración, (tranquilización) en otras personas, etc.

Salkovskis, como ya hemos referido, también encuentra en el concepto de responsabilidad una apoyatura fundamental –necesaria, y extraordinariamente sugerente- para explicar su novedoso y original modelo, ahora bien, no la considera suficiente, por lo que añade asimismo la diferenciación conceptual entre “pensamientos automáticos negativos” y “pensamientos intrusivos”; siendo los primeros “egodisfóricos” o “egosintónicos”, (ya que el contenido de los mismos adquieren un cierto grado de creencia o duda acerca de su realidad para el sujeto) y, los segundos, “egodistónicos” (el contenido de la cognición es incongruente con el sistema de creencias y valores del individuo).
Elaboró en un primer momento, un “modelo cognitivo-conductual” sobre el mantenimiento y modulación del TOC; ahora bien, el mismo Salkovskis (1985), afirmó que para que éste resultase útil debería responder a una serie de cuestiones comunes y problemáticas que se dan en la práctica clínica habitual y que influyen sobre manera en la mayoría de los modelos explicativos que existen en la actualidad, así como el hecho de explicar su posible origen. Dichas cuestiones son: a): En muchas obsesiones –o “ideas obsesivoides”- no parecen producirse pensamientos de culpabilidad y/o responsabilidad; b): Se ha constatado asimismo, que en algunos pacientes (obsesivos), con presencia de ánimo disfórico se produce un decremento y en ocasiones hasta la plena remisión del cuadro, ya que en su primer modelo se observaba una correlación positiva entre sintomatología depresiva y obsesiones; c): En otros casos la neutralización, lejos de provocar pensamientos negativos, los provoca positivos;  y, d) Por último, asistimos en la clínica a la observación de que existen neutralizaciones o compulsiones “absurdas” ; es decir, que no guardan una relación estricta con el objeto de la obsesión, o con dichos pensamientos de culpa o responsabilidad.

Para ello, junto con Warwick (Salkovskis y Warwick, 1988), elaboró un nuevo modelo mucho más comprehensivo que el anterior, siendo éste más cognitivo que conductual; que aunque incluyera aspectos de ambas orientaciones, incidió más en la primera.

Se podría resumir de la forma que sigue como ejemplificadoramente lo hicieron las profesoras Cristina Botella y Cristina Robert (1995),:

“Algunas personas son vulnerables a interpretar los pensamientos intrusivos como una indicación de que son responsables del daño que les pudiera ocurrir a ellos mismos o a otros. Esto se debería a haber sido sometidos a determinadas prácticas de crianza en las que se pusiera mucho énfasis en la responsabilidad personal. Además, esa sensibilidad especial habría dado lugar a la formación de una serie de supuestos disfuncionales (por ejemplo, el hecho de fracasar al prevenir un daño, es lo mismo que realizar el daño). Cualquier creencia disfuncional de este tipo puede comenzar a interactuar con los pensamientos intrusivos después de haberse producido un incidente crítico que sirve para interactuar con los supuestos disfuncionales. Según Salkovskis (1989b), aunque no es necesario que siempre sea así con gran frecuencia los incidentes críticos estarán asociados a un aumento en la responsabilidad de la persona (por ejemplo, tener un hijo, casarse, cambio de empleo). De este modo, las obsesiones “normales” se convierten en foco de responsabilidad; lo cual, como hemos visto anteriormente, da lugar a pensamientos negativos y, poco a poco, se desarrollarán las conductas neutralizadoras”.

Y para ilustrarlo en aras de comprensión, se incluye –esquematizado- dicho Modelo Cognitivo del desarrollo del trastorno obsesivo-compulsivo, (Salkovskis y Warwick, 1998):

MODELO COGNITIVO DEL DESARROLLO DE LOS PROBLEMAS OBSESIVOS

modelo cognitivo del desarrollo de los problemas obsesivosmodelo cognitivo del desarrollo de los problemas obsesivos

No obstante y como indican las mismas autoras, el hecho de considerar que una determinada perspectiva nos haya hecho avanzar en la comprensión del TOC, obviamente no significa que ya dispongamos de todas las respuestas. “… Muchos de los aspectos característicos del trastorno siguen siendo un misterio… (Botella y Robert, 2002).

Tratamiento farmacológico del TOC.

Tradicionalmente el trastorno obsesivo compulsivo se ha venido tratando por los psiquiatras con Clomipramina (Anafranil). Un antidepresivo de la familia de los tricíclicos que tiene potentes acciones sobre la bomba de inhibición  de la recaptación de un neurotransmisor llamado serotonina, afectando sin embargo a su vez, a otros neurotransmisores cerebrales que nada tienen que ver con la actividad terapeútica. Se sigue utilizando en la actualidad para casos graves y refractarios. Debido a su cardiotoxicidad y a otros efectos secundarios, a partir de la segunda mitad de la década de los 90 se empezaron a utilizar otros antidepresivos, que éstos sí tenían una selectividad “cuasi”-pura sobre dicho neurotransmisor, evitando así los efectos secundarios que poseían los tricíclicos. La familia de los que se citan (ISRSs) son: Fluoxetina, Fluvoxamina, Sertralina, Paroxetina, y Citalopram. Surgiendo después un hermano de éste último llamado Escitalopram, metabolito activo de citalopram racémico.

Los últimos meta-análisis (revisión sistematizada sobre los resultados y efectos de un determinado tratamiento) indican que la Paroxetina, Sertralina y Clomipramina son los fármacos de elección a día de hoy para tratar dicho trastorno. Ahora bien, como hemos dicho que tienen efectos secundarios es conveniente administrarlos de forma conjunta con un anticonvulsivo (de tipo gabaérgico o benzodiacepínico) que aumente el umbral convulsivo así como para controlar en cierta medida la estimulación causada por la administración del fármaco.
También afectan a la respuesta sexual humana (anorgasmia en mujeres y eyaculación retardada en hombres), así como leves y transitorias alteraciones gastrointestinales como náuseas y estreñimiento. Reversibles al continuar el tratamiento, o al cesar el mismo.

Las dosis se deben de incrementar de 10 en 10 mg. para la paroxetina por ejemplo, (los comprimidos suelen ser de 20 ranurados), para sertralina y clomipramina bastaría con incrementos de 25 en 25 mg. respectivamente, por la posible aparición de cuadros de pánico en personas predispuestas o con antecedentes de presencia de los mismos. Asímismo, la dosificación  y la duración de los tratamientos debe ser algo superior a la utilizada para el episodio depresivo mayor; como sucede también, para los trastornos de ansiedad generalizada, fobia social y pánico con agorafobia en los cuales las dosis y el tiempo de administración del fármaco también deben ser mayores que para el trastorno depresivo.

Otros fármacos utilizados en el T.O.C. y en las ideas obsesivoides han sido neurolépticos como la Risperidona, el Haloperidol, la Olanzapina, o la Levomepromazina, (sobre todo si existe algún rasgo esquizoide o fuertes ideas sobrevaloradas), así como toda la gama de Benzodiacepinas disponibles en el mercado, recomendándose las de vida media larga (previniendo la acumulación de los niveles plasmáticos del principio activo), y desaconsejándose las que pudiesen tener un efecto más desinhibitorio que otras; como por ejemplo el bromazepam, alprazolam o clonazepan frente al cloracepato que sí posee dicho efecto, con el subsiguiente efecto contraproducente para el paciente, que puede consistir en un aumento de las obsesiones/compulsiones al estar desinhibido.

Tratamiento psicológico del TOC.

El tratamiento psicológico conductual de trastorno obsesivo compulsivo, ha consistido (según también las últimas revisiones meta-analíticas) y en cuanto a criterios de eficacia, efectividad y eficiencia, en “técnicas de exposición con prevención de respuesta”. Tras finalizar el tratamiento, la terapia conductual se mostró asociada a una mejora global más acentuada que con la medicación. Es por ello, que debería ser la primera línea de intervención para la mayoría de los casos, utilizando la combinación con fármacos para los casos más graves o para cuando existe una comorbilidad con depresión mayor u otros trastornos asociados. Estas estrategias consisten en exponer a la persona a los objetos personas o imágenes que le provocan la ansiedad y las obsesiones, impidiendo que realice las neutralizaciones (compulsiones o rituales) que hacen que disminuyan su ansiedad (prevención de respuesta de escape), p.ej. contaminándole con algún objeto sucio o con posibles gérmenes e impedir que se duche o que se lave las manos durante períodos largos. (Esto se haría para un TOC con ideas de contaminación, que por lo demás, son las más comunes).

De todos modos, esto no es más que un ejemplo aislado ya que el tratamiento es más complejo además de incluir otras estrategias.

También se utiliza la “exposición imaginaria” : cuando el contenido de las obsesiones no es accesible, cuando el paciente relata un excesivo temor a consecuencias catastróficas si no lleva a cabo la neutralización o cuando las obsesiones están compuestas por imágenes, más que por situaciones, estímulos o sucesos externos.

Un caso más complejo de cara al tratamiento (por eso nos entretendremos un poco en ello), consiste cuando “las obsesiones se dan sin conducta compulsiva manifiesta”; ya que la evitación y las compulsiones se dan casi en su totalidad de forma encubierta, por lo que se llegan a confundir las obsesiones con las neutralizaciones, que salen a relucir en forma de cavilaciones o rumiaciones mentales.

Cuando esto sucede, se suelen emplear técnicas tales como el “entrenamiento en habituación y la parada de pensamiento”.
El “entrenamiento en habituación” consiste en que el paciente plasme por escrito los pensamientos obsesivos repetitivamente o que rememore de forma deliberada el/los pensamiento/s obsesivo/s y que los mantenga así hasta que su terapeuta se lo indique (tomando generalmente como criterio, que las unidades subjetivas de ansiedad en un termómetro de miedo p. ej. se vean reducidas a la mitad menos uno de su valor inicial, que puede oscilar de 0 a 100 o, que al menos disminuyan un 50% de dicho valor).

Otra estrategia para ello y, que especialmente nos gusta poner en práctica, -como indican Foa y Wilson en su ya famoso libro- (Foa y Wilson, 2001),  es la de grabar en una casete (a ser posible con audífonos y con la propia voz del paciente) los pensamientos ansiógenos, que posteriormente escucha al mismo tiempo que su pensamiento va siguiendo la cinta. Este método es especialmente útil ya que como dice Cruzado, (Cruzado, 1998), “…este método asegura que el pensamiento ocurra con la máxima predictibilidad y por lo tanto asegurará la habituación…”

En cuanto al entrenamiento en la parada o detención del pensamiento, podremos soslayarlo o no reparar mucho en él ya que no existen estudios –salvo error- que hayan incluido un grupo control en sus diseños. A groso modo, el paciente debe realizar una lista de pensamientos obsesivos y otra con pensamientos agradables alternativos. El terapeuta primero y posteriormente el paciente, describen la obsesión, que cuando lleva mantenida en la mente un tiempo predeterminado, ambos pueden gritar en voz alta un “para”, “basta” o “stop” que luego se hará interno. El pensamiento entonces habrá desaparecido, debiendo imaginar después el sujeto la escena alternativa. No es ocioso recordar que en esas listas, no se deban incluir pensamientos neutralizantes.

Comorbilidad o solapamiento de síntomas.

Algunos pacientes con TAG (ansiedad generalizada), con trastorno de pánico con o sin agorafobia, o con cualquier otro trastorno de ansiedad,  y/o depresión, pueden presentar sintomatología obsesivoide en el curso o contexto de su cuadro clínico, y normalmente ante cualquier evento estresante.

A diferencia de los pacientes con TOC las personas con ansiedad generalizada y/o pánico perciben sus pensamientos ansiogénicos o ansiosos como relativamente reales pero rara vez desarrollan rituales para aliviar su ansiedad; esto es lo que nos lleva a los clínicos a tener que “hilar muy fino” al hacer el diagnóstico diferencial, ya que se podría confundir con mucha facilidad un trastorno por otro con el consiguiente error al elegir y aplicar también los tratamientos, aunque se asemejen en algunos aspectos un poco.

Cuando no se ha consolidado todavía un cuadro de TOC propiamente dicho, algunas estrategias o indicaciones como las que siguen, pueden serle suficientes al sujeto para paliar (en casos leves, desde luego), la sintomatología obsesiva; como nos recuerda de nuevo el profesor Cruzado (1998), éstas son:

1º.- Pensar cosas negativas no significa que una persona las desee. Los pensamientos son diferentes de las acciones. Muchos pacientes creen que si un pensamiento negativo entra en su mente, significa de inmediato que desean que una cosa mala ocurra. Esto no es cierto. (Esto es lo que se conoce como pensamiento mágico).

2º.- Todos tenemos pensamientos que nos avergonzarían si los otros los supieran; de todo tipo, religiosos, sexuales, etc… y en algunos casos, impulsos de hacer daño a sí mismos o a los demás.

3º.- Hay que pensar que el contenido de las obsesiones es irracional. Has de decirte a ti mismo/a: “estoy teniendo un pensamiento irracional, exagerado y sin sentido”, “es fruto del problema de ansiedad que tengo, es una obsesión”.

4º.- En lugar de intentar detener el pensamiento, es más adecuado aceptar que se está teniendo un pensamiento o imagen obsesiva que es la que te está provocando la ansiedad, en definitiva, “se trata de exponerse” a ese pensamiento, idea o imagen.

5º.- Después de llevar a cabo la exposición tres o más veces el grado de malestar al comienzo de la siguiente sesión será menor. Esta es la mejor indicación de que el tratamiento va funcionando.

6º.- En los casos de exposición en imaginación se deben incluir pensamientos de consecuencias desastrosas futuras que provocan miedo, ansiedad o angustia.

7º.- Las exposiciones largas son mas efectivas que las exposiciones breves e interrumpidas. Aunque la ansiedad o angustia sea alta, ésta se suele disipar aproximadamente a los treinta minutos. Se debe continuar la exposición mientras la ansiedad continúe alta y hasta que baje al menos -tomando como criterio- a la mitad menos uno de la escala de 0 a 10 que ya es sabida.

8º.- Si se manifiestan varias fuentes de ansiedad o angustia el tratamiento de exposición debe dirigirse al pensamiento obsesivo principal, tras lo cual se aborda el segundo en importancia alternando el tratamiento de ambas ideas o imágenes obsesivas.

9º.- Ejemplos de autoinstrucciones positivas ante una obsesión o idea obsesivoide podrían ser: “estoy teniendo una obsesión, no debo evitarla, debo seguir exponiéndome, cuanto más me exponga antes acabaré con ella, puedo hacerle frente”; “éste es el momento álgido, si aguanto un poco mas esto empezará a bajar”; “no puede sucederme nada peor, estoy haciendo lo que tengo que hacer, que es exponerme a esta obsesión absurda”.

Agradecimientos

(*): Desearía expresar mi más sincera gratitud a Mª. Teresa y a Juanjo Pérez Marín, a Raúl Valiente López; así como a los profesores, Fco. Xavier Méndez CarrilloyJosé Olivares Rodríguez. Todos ellos sabrán por qué.

Referencias

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PAGINA FUENTE.- http://www.psicologia-online.com/articulos/2010/10/etiologia-y-los-tratamientos-del-trastorno-obsesivo-compulsivo.shtml

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Depresión en el Hombre…también existe!

estres1Empezamos el año con este tema que es importante ya que a pesar de que la estadística menciona que existe una frecuencia de presentación de 2:1 entre mujeres y hombres de desarrollar este padecimiento,

también nos deprimimos¡, pero muchas veces no lo aceptamos.

Saludos y Feliz 2013 !

 

DEPRESION EN EL HOMBRE??

Introducción


La depresión es una enfermedad seria que afecta el organismo, el estado de ánimo, la conducta y los sentimientos. Afecta la manera de comer y dormir, la percepción que uno tiene de sí mismo y la manera de pensar. La depresión no es lo mismo que un sentimiento de decaimiento pasajero. No es una señal de debilidad personal ni una afección que puede desaparecer con sólo desearlo.

Los hombres que padecen depresión no mejoran por sí solos. Sin tratamiento, los síntomas pueden durar semanas, meses o años, siendo esto último lo más común.

Sin embargo, con un diagnóstico y tratamiento apropiados, la mayoría de pacientes que sufren de depresión mejoran.

Cualquier persona puede sufrir depresión, sin importar su edad, grupo étnico, nivel socioeconómico o género. Los expertos han descubierto que el doble de mujeres sufre de depresión con respecto a la cantidad de hombres afectados por esta enfermedad. En los Estados Unidos, se calcula que cada año el 12% de mujeres (más de 12 millones de mujeres) y casi el 7% de hombres (más de seis millones de hombres) sufren de depresión.


¿Es realmente la depresión menos común entre los hombres, o estos no buscan ayuda profesional en forma oportuna?


El National Institute of Mental Health (NIMH por sus siglas en inglés) realizó un estudio para investigar de qué manera los hombres son capaces de reconocer su propia depresión. En estos grupos los hombres describieron sus propios síntomas depresivos sin darse cuenta de que estaban deprimidos. Particularmente, muchos de ellos no tenían conocimiento de que los síntomas “físicos”, tales como dolor de cabeza (cefalea), problemas digestivos (colitis, por ejemplo) y dolores crónicos, pueden estar asociados con la depresión. Además, expresaron su temor de acudir a un psiquiatra por miedo al estigma social. “Si otros se enteraran”, esto podría poner en peligro su trabajo, oportunidades de ascenso u otro tipo de beneficios. Temían que al ser identificados con un diagnóstico de depresión perderían el respeto de sus familiares y amigos o su posición en la sociedad.

Durante los últimos 20 años, la investigación biomédica incluyendo la genética y la de neuroimágen (TAC, RMN, SPECT, PET) han ayudado a que comprendamos mejor ciertos aspectos de la depresión y otros padecimientos mentales. Ahora entendemos mejor el funcionamiento del cerebro, cómo la bioquímica cerebral puede estar alterada y cómo aliviar el malestar que causan los desórdenes afectivos. La tecnología de imágenes cerebrales ahora permite que los expertos observen directamente cómo un tratamiento con fármacos antidepresivos y/o psicoterapia producen cambios en la actividad cerebral. A medida que las investigaciones continúen demostrando que la depresión es real y tratable como el cáncer u otras enfermedades graves y no signo de debilidad personal, más hombres con depresión solicitarán ayuda profesional y de este modo mejorarán su calidad de vida.


Tipos de depresión


psicoterapiaLa depresión tiene varias presentaciones, al igual que otras enfermedades como las cardiovasculares. Este apartado describe tres tipos comunes de depresión. Dentro de estos tipos hay variaciones en el número de síntomas, su severidad, persistencia y cronicidad.

La depresión mayor se manifiesta por una combinación de síntomas que interfieren con la capacidad de trabajar, estudiar, dormir, comer y disfrutar de las actividades que antes eran placenteras (a esto último se le denomina anhedonia). Un episodio depresivo mayor puede ocurrir una sola vez, pero con frecuencia ocurren varios episodios durante el transcurso de la vida. En el caso de la depresión mayor crónica (de años de evolución), es posible que la persona afectada necesite continuar con el tratamiento indefinidamente, inclusive años.

Un tipo “menos severo de depresión”, la distimia, se manifiesta con síntomas persistentes, crónicos que no incapacitan seriamente, pero impiden que la persona afectada funcione bien o se sienta bien. Muchas personas con distimia también sufren episodios depresivos mayores en algunas etapas de la vida a esto se le denomina “depresión doble”.

Otro tipo de depresión es la que ocurre en el trastorno bipolar. El trastorno bipolar se caracteriza por cambios cíclicos en el estado de ánimo: estados de euforia (manía) y de decaimiento (depresión) severos, a menudo con períodos de estado de ánimo normal entre éstos. Algunas veces los cambios en el estado de ánimo son drásticos y rápidos, pero generalmente son graduales.

Una persona, cuando está en el polo depresivo, puede tener uno o todos los síntomas de depresión. En el polo de manía, la persona puede presentar síntomas de hiperactividad, verborrea (hablar demasiado) y tener mucha energía. La manía generalmente afecta el pensamiento, el juicio y el comportamiento social en maneras que causan problemas graves y vergüenza. Por ejemplo, una persona en la fase de manía puede sentirse entusiasmada, llena de grandes proyectos que pueden incluir desde decisiones de negocio imprudentes hasta romances y relaciones sexuales de alto riesgo. La manía, si no se trata, puede empeorar y convertirse en un estado psicótico (con pérdida del contacto con la realidad).


Signos y sintomas depresivos:


Los síntomas que generalmente se presentan en la depresión se desarrollan gradualmente y pueden incluir:

Síntomas Afectivos

  • Tristeza.
  • Dificultad o incapacidad para disfrutar de situaciones o eventos que habitualmente le despertaban alegría o gozo, con disminución o pérdida de interés hacia los mismos y hacia la vida (anhedonia).
  • Disminución o abatimiento del estado de ánimo.
  • Falta de voluntad o de energía; apatía (abulia, anergia).
  • Desesperanza.
  • Melancolía.
  • Ansiedad (nerviosismo).
  • Sentimientos de culpa.
  • Sentimientos de vergüenza y auto desprecio.
  • Irritabilidad.
  • Intranquilidad.
  • Disforia.

Síntomas Cognitivos

  • Dificultad para concentrarse.
  • Disminución del rendimiento intelectual.
  • Incapacidad para afrontar y resolver problemas cotidianos.
  • Pesimismo.
  • Ideas de minusvalía.
  • Auto reproches.
  • Indecisiones o dudas exageradas.
  • Fallas para hacer un juicio realista sobre si mismo.
  • Pensamiento obsesivo.
  • Ideas de culpa, vergüenza, pecado, etc.
  • En depresiones severas el contenido puede ser delirante.
  • Pensamientos autodestructivos.

Síntomas Conductuales

  • Aspecto de abatimiento, predominando los músculos flexores y aductores sobre los extensores y abductores.
  • Faltas al trabajo o escuela.
  • En estudiantes: disminución del rendimiento escolar.
  • Pueden coexistir el alcoholismo y las adicciones.
  • Tentativas suicidas.
  • Retardo psicomotor: inhibición en actividades físicas y en el habla.
  • Cuando la ansiedad es importante: inquietud e hiperactividad, pudiendo llegar a la agitación motora.

Síntomas Psicofisiológicos

  • Insomnio o hipersomnia. Somnolencia diurna.
  • Cambios en el apetito: hiporexia (disminución del apetito) o hiperexia (aumento del apetito).
  • Cambios en el peso corporal.
  • Disminución de la energía en general: se cansa fácilmente, no resiste las labores habituales (cotidianas).
  • Disminución de la libido (disminución del deseo sexual).
  • Constipación (estreñimiento).
  • Cefalea.
  • Mareos.
  • Mal aliento (halitosis).
  • Molestias somáticas.
  • Síntomas físicos dolorosos.

*Es frecuente que el paciente se sienta muy mal por la mañana y mejore mientras transcurre el día


Signos y síntomas de manía


  • Exaltación anormal o excesiva.
  • Irritabilidad inusual.
  • Menos necesidad de dormir.
  • Ideas de grandiosidad.
  • Verborrea.
  • Pensamientos acelerados.
  • Mayor deseo sexual.
  • Energía considerablemente mayor.
  • Alteraciones en juicio.
  • Comportamiento social inapropiado.

Presencia de la depresión simultáneamente con otras enfermedades


La depresión puede presentarse junto con otras enfermedades. En tales casos, es importante diagnosticar y tratar tanto la depresión como los otros padecimientos.

Los expertos han demostrado que los trastornos de ansiedad, que incluyen trastorno de estrés postraumático, trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno de pánico, fobia social y trastorno de ansiedad generalizada, se manifiestan frecuentemente junto con la depresión.

La depresión se presenta frecuentemente en personas que sufren de trastorno de estrés postraumático, una enfermedad debilitante que puede ocurrir después de una experiencia grave en la que ocurrió un daño físico considerable o hubo una grave amenaza para la integridad del sujeto que lo padece. Los eventos traumáticos que pueden causar la manifestación del trastorno de estrés postraumático incluyen ataques violentos, tales como violación sexual o robo violento, desastres naturales, accidentes, terrorismo y combate militar.

Los síntomas del trastorno de estrés postraumático incluyen el volver a experimentar el evento traumático a través de recuerdos (flashbacks) con imágenes muy vívidas y pesadillas; aturdimiento emocional; perturbaciones del sueño; irritabilidad; explosiones de cólera; sentimientos intensos de culpa; y evitación de los recuerdos o pensamientos del evento traumático.

En un estudio efectuado por el NIMH, más del 40% de las personas con trastorno de estrés postraumático también tenían depresión cuando se les evaluó uno a cuatro meses después del trauma ocurrido.

El uso de alcohol o drogas (abuso o dependencia) con frecuencia también acompaña a la depresión. Estudios de investigación han revelado que las personas que sufren de alcoholismo tienen un riesgo doble a la de las personas no alcohólicas para sufrir depresión mayor. Además, más de la mitad de las personas que sufren de trastorno bipolar tipo I (depresión severa, con manía severa) recurren también al uso de sustancias, como el alcohol y las drogas.

La depresión se encuentra en mayor proporción en personas que sufren de otras enfermedades graves como las enfermedades cardíacas, derrames cerebrales (accidente cerebro-vascular), cáncer, VIH, diabetes y la enfermedad de Parkinson. Algunas veces los síntomas de la depresión se confunden con los síntomas de estas otras enfermedades. La depresión, cuando se presenta junto con otras enfermedades, puede y debe ser tratada, y en muchos casos tratarla puede favorecer también el proceso de recuperación de las otras enfermedades.


Causas de la depresión


Las investigaciones biomédicas del sistema nervioso -genéticas y clínicas- han demostrado de manera contundente que la depresión es una enfermedad del sistema nervioso central.

Las causas exactas siguen siendo motivo de intensa investigación. Las modernas técnicas de neuroimágen revelan que en la depresión, los circuitos neuronales responsables de la regulación del estado de ánimo, los pensamientos, el sueño, el apetito y el comportamiento dejan de funcionar correctamente y que los neurotransmisores —sustancias químicas usadas por las células nerviosas para comunicarse— están “desbalanceados”. La investigación genética indica que el riesgo de padecer depresión es el resultado de la influencia de múltiples genes que actúan en combinación con el medio ambiente y otros factores no genéticos. Los estudios referentes al estudio de la química cerebral y de los mecanismos de acción de los medicamentos antidepresivos continúan ampliando nuestro entendimiento sobre los procesos bioquímicos implicados en la depresión. Con frecuencia, una combinación de factores genéticos, cognitivos y ambientales causan la manifestación de un trastorno depresivo. Un evento traumático, la pérdida de un ser querido, una relación personal difícil, un problema financiero o cualquier cambio estresante en el patrón de vida (independientemente de que el cambio sea deseado o no deseado), puede provocar un episodio depresivo en las personas susceptibles.

Los episodios posteriores de depresión pueden ocurrir sin una causa aparente. En algunas familias, los trastornos depresivos parecen manifestarse generación tras generación, sin embargo, también pueden ocurrir en personas que no tienen un historial familiar de estas enfermedades.

Los trastornos depresivos, ya sean heredados o no, están asociados con cambios en las estructuras cerebrales o en la función cerebral, los cuales pueden verse usando las modernas tecnologías de reproducción de imágenes cerebrales.


Los hombres y la depresión


Los expertos calculan que cada año por lo menos seis millones de hombres en los Estados Unidos sufren de depresión. Investigaciones y hallazgos clínicos revelan que tanto los hombres como las mujeres pueden desarrollar los síntomas típicos de la depresión. Sin embargo, a menudo los hombres y las mujeres sienten la depresión de manera diferente y pueden enfrentar los síntomas de formas diferentes.

Los hombres generalmente se quejan de fatiga, irritabilidad, pérdida de interés en el trabajo o pasatiempos favoritos y problemas de sueño, y no se quejan tanto de otros síntomas como sentimientos de tristeza, falta de auto estima y culpabilidad excesiva. Algunos expertos cuestionan si la definición estándar de la depresión, y las pruebas de diagnóstico basadas en ésta, representan adecuadamente la enfermedad tal como se presenta en los hombres.

Los hombres tienden a reportar más que las mujeres el abuso de alcohol y drogas (o dependencia) en el transcurso de sus vidas. Sin embargo, existe debate entre los expertos respecto a si el uso de drogas, es un “síntoma” de depresión subyacente en los hombres o es un trastorno que ocurre conjuntamente y se desarrolla con mayor frecuencia en ellos. No obstante, el uso de drogas puede ocultar la depresión, haciendo que sea más difícil reconocerla como una enfermedad separada que necesita tratamiento. En lugar de reconocer sus síntomas, pedir ayuda o solicitar el tratamiento apropiado, los hombres pueden recurrir al alcohol o a las drogas cuando están deprimidos, frustrados, desanimados, enojados, irritados y algunas veces violentamente agresivos.

Algunos hombres enfrentan la depresión dedicándose de manera compulsiva a su trabajo, tratando de ocultar la depresión a sí mismos, la familia y los amigos. Otros hombres pueden responder a la depresión mostrando comportamiento temerario, es decir arriesgándose y poniéndose en situaciones peligrosas.

En los Estados Unidos la muerte por suicidio es cuatro veces más frecuente en hombres que en mujeres, aunque las mujeres tienden a tener más intentos de suicidio que los hombres, cuando se considera el número promedio de intentos por vida.

Además del hecho de que los métodos que usan los hombres para intentar suicidarse son generalmente más letales que los que usan las mujeres, es posible que hayan otros factores que protegen a las mujeres contra la muerte por suicidio.

El suicidio se asocia a la depresión con frecuencia. Por lo tanto, el alarmante índice de suicidio en los hombres puede reflejar el hecho de que los hombres solicitan tratamiento para la depresión con mucha menos frecuencia.

Muchos hombres con depresión no obtienen el diagnóstico y tratamiento adecuados. En muchos casos, dicho tratamiento podría salvarles la vida.

Se necesita hacer más investigaciones para entender todos los aspectos de la depresión en el hombre, incluyendo cómo el hombre responde al estrés y a los sentimientos asociados con la depresión. También es importante saber más acerca de qué hacer para que los hombres con depresión se sientan más cómodos reconociendo estos sentimientos y obtengan la ayuda necesaria.


La depresión en hombres de edad avanzada


El hombre enfrenta estrés de diferentes tipos a medida que va envejeciendo. Si ha sido el sustento económico principal de la familia y se ha identificado mucho con su trabajo, puede sentir estrés al retirarse de su profesión. Esta pérdida de una función importante, lleva a una disminución de autoestima, lo cual puede causar depresión. De igual manera, la pérdida de amigos y familiares y la aparición de otros problemas de salud pueden causar depresión. Sin embargo, la mayoría de personas de edad avanzada se sienten satisfechas con su vida y no es “normal” tener depresión.

La depresión es una enfermedad que puede tratarse de manera eficaz, reduciendo de esta manera el sufrimiento innecesario, aumentando las probabilidades de recuperación de otras enfermedades y prolongando la vida productiva.

Es posible que los médicos no-psiquiatras no detecten síntomas depresivos en pacientes de edad avanzada, porque éstos generalmente no quieren hablar de sus sentimientos de desesperanza, tristeza, pérdida de interés en actividades normalmente gratas, o de pena prolongada después de la pérdida de un ser querido quejándose principalmente de síntomas físicos.

Además, puede ser difícil reconocer un trastorno depresivo en pacientes que presentan otras enfermedades, como enfermedades cardíacas, derrames cerebrales o cáncer, las cuales por sí mismas pueden causar síntomas depresivos, o pueden ser tratadas con medicamentos que tienen efectos secundarios parecidos a los síntomas de la depresión.

Si se diagnostica un trastorno depresivo, un tratamiento apropiado con medicamentos y/o psicoterapia puede ayudar a los adultos de edad avanzada a controlar ambas enfermedades aumentando la esperanza y calidad de vida.

El índice de casos de suicidio entre las personas de edad avanzada acentúa la importancia de identificar y tratar la depresión en este grupo de la población. Existe la percepción común de que el índice de suicidio es más alto entre los jóvenes, sin embargo, el índice más alto se encuentra entre adultos de edad avanzada, especialmente hombres de raza blanca. Más del 70% de las víctimas de suicidio de edad avanzada tienen una consulta con su médico familiar o de cabecera en el mes de su muerte, muchos con un trastorno depresivo no detectado. Esto ha llevado a realizar labores de investigación para determinar cómo mejorar la capacidad de los médicos no-psiquiatras para detectar y tratar la depresión en adultos de edad avanzada.

Aproximadamente el 80% de los adultos de edad avanzada que sufren de depresión mejoran cuando reciben tratamiento con medicamentos antidepresivos, psicoterapia o una combinación de ambos. Además, los profesionales de la salud mental han demostrado que una combinación de psicoterapia y medicamentos antidepresivos es altamente eficaz para reducir la recurrencia de episodios de depresión entre adultos de edad avanzada. Está demostrado que la psicoterapia sola prolonga los períodos de buena salud sin depresión y es especialmente útil para pacientes de edad avanzada que no pueden o no desean recibir medicación.

Un mejor reconocimiento y un tratamiento más eficaz de la depresión durante la etapa de edad avanzada harán que esos años sean más placenteros y satisfactorios para la persona que sufre de depresión, sus familiares y las personas encargadas de su atención.


Suicídio


Algunas veces la depresión puede causar que las personas deseen ponerse en peligro o incluso matarse. Aunque la mayoría de personas que sufren depresión no mueren por suicidio, tener depresión aumenta el riesgo de suicidio comparado con las personas que no tienen depresión. Si usted está pensando en el suicidio, obtenga ayuda inmediatamente.


Evaluación diagnóstica y tratamiento


El primer paso para obtener el tratamiento apropiado para la depresión es someterse a una evaluación minuciosa.

Algunos medicamentos, al igual que algunas enfermedades físicas tales como infecciones virales, problemas de la glándula tiroides o un bajo nivel de testosterona pueden causar los mismos síntomas que la depresión, y el médico psiquiatra debe descartar estas posibilidades mediante un examen, una entrevista, y si lo considera necesario, a través de exámenes de laboratorio.

Si estas posibilidades se descartan como causa de los síntomas depresivos, el médico psiquiatra debe realizar una evaluación psicológica para determinar si se trata de depresión.

Una buena evaluación diagnóstica incluirá un historial completo de los síntomas: cuándo comenzaron, cuánto duraron, cuál fue la severidad, si el paciente los tuvo anteriormente y, en ese caso, si los síntomas fueron tratados y cuál fue el tratamiento administrado. El médico psiquiatra debe preguntar acerca del uso de alcohol y drogas y si el paciente tiene pensamientos de muerte o suicidio. Además el historial debe incluir preguntas acerca de si otros miembros de la familia han sufrido trastornos depresivos y, si fueron tratados, qué tratamiento recibieron y si éstos fueron eficaces. Por último, una evaluación diagnóstica debe incluir un examen del estado mental para determinar si el habla, los patrones de pensamiento o la memoria han sido afectados, como algunas veces sucede en personas que sufren de trastornos depresivos.

El tipo de tratamiento dependerá del diagnóstico, la severidad de los síntomas y la preferencia del paciente. Se ha comprobado que una variedad de tratamientos, incluyendo medicamentos y psicoterapias son eficaces para combatir los trastornos depresivos. En general, los trastornos depresivos severos, especialmente los que son recurrentes, requerirán una combinación de tratamientos para obtener el mejor resultado.


Fármacos Antidepresivos


Hay varios tipos de medicamentos para tratar la depresión. Estos incluyen los nuevos medicamentos antidepresivos, principalmente los inhibidores selectivos de la recaptura de serotonina (ISRS por sus siglas en español) y medicamentos anteriores a éstos como los antidepresivos tricíclicos (ADT) y los inhibidores de la monoaminoxidasa (IMAO por su siglas en español).

Los ISRS, y otros nuevos medicamentos que actúan sobre los neurotransmisores, tales como la serotonina, la dopamina o la noradrenalina, generalmente tienen menos efectos secundarios que los antidepresivos tricíclicos. Algunas veces el psiquiatra probará varios tipos de antidepresivos antes de encontrar el medicamento o la combinación de medicamentos más eficaces para el paciente. Algunas veces la dosis deberá aumentarse para que sea eficaz.

Aunque es posible observar alguna mejoría durante las dos primeras semanas de tratamiento, los medicamentos antidepresivos deben tomarse con regularidad durante tres a cuatro semanas (y en algunos casos hasta 8-12 semanas) antes de que pueda observarse el efecto terapéutico completo. A menudo los pacientes tienen la tentación de suspender los medicamentos demasiado pronto. Quizás se sientan mejor y piensen que ya no necesitan los medicamentos, o pueden pensar que los medicamentos no están ayudando. Es importante continuar tomando el medicamento para que funcione, aunque los efectos secundarios pueden aparecer antes de que se observe la actividad del antidepresivo. Cuando la persona se sienta mejor, es importante que continúe tomando el medicamento cuando menos un año (valorando la ausencia de síntomas -remisión durante el curso de dicho año- y la presencia de factores de estrés importantes cuando se tome la desición de retirar la medicación antidepresiva tras el año de tratamiento), para evitar una recurrencia de la depresión.

Algunos medicamentos deben suspenderse gradualmente para que el organismo se ajuste, y muchos pueden producir síntomas de abstinencia si se suspenden de manera abrupta. Por lo tanto, los medicamentos nunca deben suspenderse sin consultar con su psiquiatra.

En el caso de personas que sufren de trastorno bipolar y los que sufren de depresión mayor crónica o recurrente, los medicamentos pueden necesitarse indefinidamente.

Estudios de investigación indican que para las personas que sufren de trastorno bipolar existe el riesgo de cambiar a manía, o de desarrollar episodios de ciclado rápido, durante el tratamiento con antidepresivos. Por lo tanto, generalmente se requiere el uso de medicamentos para la “estabilización del estado de ánimo”, ya sea solos o en combinación con antidepresivos, para proteger contra este cambio a las personas con trastorno bipolar. Actualmente los medicamentos estabilizadores del estado de ánimo más comúnmente usados son el litio y el valproato.

Los medicamentos para tratar la depresión no son adictivos.

No obstante, como en el caso de cualquier tipo de medicamento recetado por más de unos cuantos días, estos tratamientos deben vigilarse cuidadosamente para determinar si se está administrando la dosis más eficaz. El médico verificará con regularidad la dosis y la eficacia de cada medicamento, generalmente cada mes cuando se tiene un control adecuado de los síntomas.

Nunca se debe combinar medicamentos de ningún tipo, ya sean medicamentos que se venden con receta, sin receta o “prestados”, sin consultar con su médico.

Otros profesionales de la salud, tales como dentistas u otros especialistas médicos, que pueden recetar medicamentos deben ser informados de los medicamentos que toma el paciente. Algunos medicamentos, aunque son seguros cuando se toman solos, si se toman con otros pueden causar efectos secundarios graves y peligrosos.

Las bebidas alcohólicas o las drogas deben evitarse, ya que pueden reducir la eficacia de los antidepresivos. Sin embargo, algunas personas que no han tenido problemas de abuso o dependencia del alcohol pueden tener permiso de sus médicos para consumir una pequeña cantidad de alcohol mientras toman uno de los nuevos antidepresivos.

Los fármacos para la ansiedad (medicamentos relacionados a la familia del diacepam) no son antidepresivos. Algunas veces éstos se recetan junto con los antidepresivos, pero no son eficaces para un trastorno depresivo cuando se toman solos.

Los estimulantes, tales como las anfetaminas, el modafinil y el metilfenidato, tampoco son antidepresivos eficaces, pero algunas veces se usan, bajo supervisión médica cuidadosa, en pacientes que sufren depresión.

El litio ha sido por muchos años el tratamiento preferido para el trastorno bipolar, ya que puede ser eficaz para aliviar los cambios del estado de ánimo de esta enfermedad. Su uso debe supervisarse cuidadosamente, ya que la diferencia entre una dosis eficaz y una dosis tóxica es pequeña.

Si una persona tiene enfermedades cardíacas, tiroideas, renales o epilepsia, el litio no puede ser recomendado. Afortunadamente, hay otros medicamentos eficaces para controlar los cambios en el estado de ánimo. Entre estos están el valproato y la carbamazepina. Estos dos medicamentos han ganado amplia aceptación en la práctica clínica, y el valproato ha sido aprobado por la FDA como tratamiento de primera línea para manía aguda.

Otros medicamentos que se usan actualmente son la lamotrigina, el topiramato y la gabapentina. Sin embargo, sus funciones en el tratamiento del trastorno bipolar no se han probado todavía y están en estudio.

La mayoría de personas que sufren del trastorno bipolar toman más de un medicamento incluyendo, junto con litio y/o un estabilizador del estado de ánimo, un medicamento para la agitación, la ansiedad, la depresión o el insomnio. Hallar la mejor combinación posible de estos medicamentos es muy importante para el paciente y requiere supervisión cuidadosa de parte del médico.


Efectos secundarios


Antes de empezar a usar un medicamento antidepresivo, pregunte al psiquiatra acerca de los efectos secundarios que usted puede experimentar. En algunas personas los antidepresivos pueden causar efectos secundarios leves y, generalmente, temporales (algunas veces llamados efectos colaterales o adversos). Estos efectos secundarios pueden ser muy molestos, pero no graves. Sin embargo, cualquier efecto secundario o reacción inusual, o que interfiera con el funcionamiento del paciente, debe comunicarse al médico inmediatamente. Los efectos secundarios más comunes de los antidepresivos son: cefalea, náusea, nerviosismo, insomnio e inquietud.


La psicoterapia


La psicoterapia, a corto o largo plazo, puede ayudar a los pacientes con depresión. La psicoterapia ayuda a los pacientes a cambiar patrones negativos de pensamiento y comportamiento que contribuyen a la depresión o son resultado de ésta. A través del intercambio verbal con el terapeuta, la psicoterapia ayuda a los pacientes a discernir y resolver problemas relacionados a su depresión. La psicoterapia también ayuda a los pacientes a resolver relaciones personales problemáticas que pueden estar contribuyendo a la depresión o empeorándola. Para muchos pacientes con depresión, especialmente aquellos que sufren depresión moderada a severa, una combinación de medicamentos antidepresivos y psicoterapia es el método de tratamiento preferido.


Observaciones Importantes


Los trastornos depresivos hacen que uno se sienta agotado, inútil, impotente y desesperado. Estos pensamientos y sentimientos negativos producen en algunas personas el deseo de “rendirse”. Es importante darse cuenta que estos puntos negativos son parte de la depresión y generalmente no reflejan con precisión las circunstancias reales. Los pensamientos negativos desaparecen cuando el tratamiento comienza a surtir efecto.

Mientras tanto:

  • Hacer ejercicio moderado, ir al cine o a ver su deporte favorito, o participar en actividades religiosas, sociales o de otro tipo puede ayudar.
  • Establecer metas realistas teniendo en cuenta la depresión y asumir una cantidad razonable de responsabilidad.
  • Dividir las tareas grandes en varias tareas pequeñas, establecer prioridades y hacer lo que se pueda en la medida que se pueda.
  • Tratar de estar con otras personas y confiar en alguien. Generalmente esto es mejor que estar solo y guardar secretos.
  • Participar en actividades que pueden hacerlo sentir mejor.
  • Esperar que el estado de ánimo mejore gradualmente, no inmediatamente. Para sentirse mejor hay que dejar que pase el tiempo. Generalmente, durante el tratamiento de la depresión, el sueño y el apetito mejoran antes que el estado de ánimo.
  • Es aconsejable posponer las decisiones importantes hasta que la depresión haya pasado. Antes de tomar decisiones importantes, como cambiar de trabajo, casarse o divorciarse, converse sobre el tema con otras personas que lo conocen bien y tienen una opinión más objetiva de su situación.
  • Las personas raramente salen del estado depresivo con rapidez, pero se sienten un poco mejor cada día.
  • Recuerde, los pensamientos positivos reemplazarán a los pensamientos negativos que son parte de la depresión, y éstos desaparecerán a medida que su depresión responda al tratamiento.
  • Deje que su familia y amigos lo ayuden.

Cómo la familia y los amigos pueden ayudar


Lo más importante que cualquier persona puede hacer por un hombre con depresión es ayudarle a que busque ayuda profesional para obtener una evaluación diagnóstica y tratamiento.

Primero, trate de hablar con él acerca de la depresión, ayúdele a entender que la depresión es una enfermedad común en los hombres y no debe sentirse avergonzado. Quizás ayude el compartir esta información con el paciente. Luego anímelo a consultar con un médico psiquiatra para determinar la causa de sus síntomas y obtener el tratamiento apropiado. Quizás sea necesario que usted haga la cita con el médico y lo acompañe. Una vez que haya comenzado el tratamiento, puede seguir ayudando animándole a que continúe con el tratamiento hasta que los síntomas comiencen a desaparecer (después de varias semanas) o a obtener un tratamiento diferente si no ocurre una mejoría.

Esto también puede incluir el supervisar si toma los medicamentos recetados y/o si asiste a las sesiones de psicoterapia. Anímelo a que sea sincero con el médico acerca del consumo de alcohol, drogas o medicamentos sin receta, y a que siga las indicaciones del médico acerca del uso de estas sustancias mientras toma los medicamentos antidepresivos.

Después está el ofrecer apoyo emocional a la persona deprimida. Esto significa entenderlo, tener paciencia, demostrar afecto y alentarlo. Converse con él y escuche cuidadosamente. No menosprecie sus sentimientos pero señale la realidad y ofrezca esperanza. No ignore los comentarios acerca del suicidio. Informe respecto a ellos al médico psiquiatra de la persona deprimida. Invítelo a salir a caminar, a excursiones, al cine y otras actividades. Insista afectuosamente si su invitación es rechazada. Anímelo a participar en algunas actividades que antes le daban placer, tales como pasatiempos favoritos, deportes, actividades religiosas o culturales, pero no lo presione a que haga muchas cosas demasiado pronto. La persona deprimida necesita diversión y compañía, pero demasiadas demandas pueden aumentar los sentimientos de fracaso. No acuse a la persona deprimida de fingir una enfermedad ni de ociosidad, ni espere que se mejore rápidamente. Con el tiempo, y con tratamiento, la mayoría de las personas mejoran. Tenga eso en cuenta, y continúe asegurándole que con el tiempo y con ayuda él se sentirá mejor.


Conclusión


¿Conoce usted un hombre malhumorado, irritable y que no tiene sentido del humor? Quizás bebe en exceso o abusa del alcohol y las drogas. Quizás es física o verbalmente violento con su esposa e hijos. Quizás trabaja todo el tiempo, o busca excitación compulsivamente con comportamientos de alto riesgo. O quizás parece que se aísla, es muy reservado y no se interesa en las personas ni en las actividades que antes disfrutaba. Quizás este hombre es usted.

De ser así, es importante entender que hay una enfermedad del Sistema Nervioso Central llamada depresión que podría causar estos sentimientos y conducta.

Es real: los expertos han desarrollado técnicas que nos permiten verla en el cerebro.

Y es tratable: más del 80% de las personas que sufren de depresión responden a los tratamientos existentes, y continuamente aparecen nuevos tratamientos que ayudan a mucha gente.

Hable con un psiquiatra sobre lo que siente y solicite ayuda.

O quizás este hombre es alguien importante para usted.

Trate de hablar con él, o con alguien que probablemente él escucharía. Ayúdelo a entender que la depresión es una enfermedad común en los hombres y no debe avergonzarse. Anímelo a ver a un médico con el fin de determinar si tiene depresión. Para la mayoría de hombres con depresión, la vida no tiene que ser tan oscura y sin esperanza. La vida ya de por sí es difícil y el tratamiento de la depresión puede liberar recursos esenciales para enfrentar los desafíos de la vida de manera eficaz. Cuando un hombre está deprimido, él no es el único que sufre. Su depresión también ensombrece las vidas de sus familiares, sus amigos, y prácticamente todas las personas cercanas. Lograr que inicie un tratamiento puede repercutir en mayor bienestar y esperanza para todas esas personas. La depresión es una enfermedad verdadera, es tratable y puede manifestarse en los hombres. Hay que tener valor para pedir ayuda, pero el hacerlo puede cambiar las cosas.

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Factores de Riesgo para Depresión

información tomada de “LA GUIA PARA EL DIAGNOSTICO Y TRATAMIENTO DE LA DEPRESIÓN”, el contenido publicado en esta guía ha sido elaborado, como síntesis de las guías y publicaciones indicadas en las referencias, por el departamento de redacción médica de LatinComm S.A. y distribuido por Farmassa Schwave.

Yo lo he revisado y aporta información valiosa para el paciente y comunidad médica.

Factores de riesgo para el desarrollo de depresión

El desarrollo de depresión esta influenciado por una serie de factores de riesgo de origen biológico, psicológico y social. Estos factores de riesgo no solamente determinan la probabilidad de aparición de depresión si no también el momento de desarrollo de la misma.

Origen biológico

  • Herencia
  • Genero femenino
  • Actividad reducida de neurotransmisión serotoninergica
  • Hipersecreción de cortisol
  • Concentraciones reducidas de testosterona y dehidroepiandrosterona
  • Enfermedades concomitantes (accidente cerebrovascular, infarto de miocardio, diabetes, hipertensión, rotura de cadera)
  • Abuso de alcohol y dependencia

 

Origen psicológico

  • Desordenes de personalidad
  • Neuroticismo
  • Distorsiones cognitivas
  • Abuso físico o sexual en la niñez
Origen social

  • Eventos de estrés (duelo, perdida de trabajo)
  • Molestias diarias
  • Estado marital
  • Estado socioeconómico

 

La mujer presenta un riesgo de depresión incrementando al doble con respecto al género masculino.  Aunque las causas del incremento de depresión en el género femenino son desconocidas, no han encontrado diferencias entre ambos géneros en la prevalencia de depresión previa ala pubertad. Estudios realizados en pacientes gemelos afirman que la herencia influye en el riesgo de aparición de depresión. Factores genéricos explican el 16% de la variación en el puntaje de depresión total de la escala CES-D (Center for Epidemiologic Studies Depression Scale) y un 19% de la variación en los síntomas somáticos. Por lo tanto, individuos con familiares cercanos con antecedentes de depresión clínica presentan un riesgo incrementado de desarrollo de depresión.

 

Estudios realizados en pacientes gemelos afirman

que la herencia influyen en el riesgo de aparición de depresión

Se han identificado posibles marcadores bioquímicos asociados con un mayor riesgo de depresión. La hipofunción serotoninergica ha sido evaluada por estudios con radioisótopos, determinándose que pacientes con depresión presentan una disminución en la expresión de los receptores serotoninergicos plaquetarios con respecto a voluntarios sanos. Las alteraciones neuroendocrinas son frecuentes en pacientes depresivos. Tanto una hipersecreción del factor liberador de corticotrofina (CRF) y de cortisol, como concentraciones reducidas de dehidroepiandrosterona y testosterona se han asociado con mayor incidencia de depresión. Es ampliamente conocida la existencia de una asociación entre enfermedades cardiovasculares y depresión. Un tercio de los pacientes con accidente cerebrovascular  isquémico desarrollan cuadros depresivos. La hipertensión también ha asociado a un riesgo incrementado de depresión. Otras condiciones medicas que predisponen la aparición de depresión son el infarto agudo de miocardio, la diabetes y la fractura de cadera. Un estado funcional disminuido producto de enfermedades físicas y desordenes de demencia son las causas mas importantes  de la depresión en ancianos.

Condiciones médicas como accidente cerebrovascular, hipertensión, infarto agudo de miocardio, diabetes y fractura de cadera predisponen la aparición de depresión

Diferentes factores psicológicos, entre ellos atributos personales, neurosis y distorsiones cognitivas, han sido propuestos como posibles causas o contribuyentes de un estado depresivo. Una amplia variedad de factores de estrés social colaboran con el desarrollo de trastornos depresivos. Entre ellos, eventos de estrés a lo largo de la vida, duelo por perdida de un familiar, estrés crónico y bajo estatus  socioeconómico. El estado marital se encuentra íntimamente asociado al inicio y prevalencia de la depresión, aunque no influye en el éxito del tratamiento de la misma. Individuos casados o solteros presentan un riesgo de depresión disminuido en comparación de divorciados, separados o viudos. La separación y el divorcio incrementan la probabilidad de aparición del primer episodio depresivo. La existencia de un trauma temprano también predice un mayor riesgo de trastornos depresivos en la adultez. Varios estudios demostraron que niños abusados física o sexualmente presentan mayor probabilidad de aparición de aflicciones psiquiátricas, entre ellas depresión. Eventos adversos ocurridos en la niñez se asocian, además, con depresión de inicio temprano.

 

Procedimiento básico para la detección y el diagnostico de la depresión

Según el U.S. Preventive Services Task Force (USPSTF) todos los adultos deben ser evaluados para laa detección de depresión.

 

Amplias evidencias demuestran que la detección temprana en atención primaria de un trastorno depresivo permite reducir la morbilidad clínica asociada con este desorden psiquiátrico.

Existen diferentes herramientas de detección disponibles (Self-Rating Depression Scale de Zung, Inventario de Depresión de Beck, Cuestionario de Salud General y la Escala del Centro de Estudios Epidemiológicos de la Depresión) sin evidencia actual que permita recomendar un método sobre otros. Se puede elegir el cuestionario que mejor se adapte a las preferencias personales del medico, del paciente o del ámbito clínico. La realización de dos preguntas simples para evaluar el estado de ánimo y anhedonia (¿Se ha sentido deprimido, decaído o desesperanzado en las últimas 2 semanas? ¿Se ha sentido con poco interés o placer en hacer actividades habituales en las últimas 2 semanas?) es igualmente efectiva en la detección de pacientes con trastornos de depresión frente a instrumentos o cuestionarios más complejos. En caso de una respuesta positiva en evaluaciones de detección se deben realizar cuestionarios de diagnósticos completos para determinar la presencia o ausencia de desordenes depresivos específicos, como depresión o distimia. Se debe establecer, además, la severidad del trastorno depresivo y de los posibles problemas psicológicos concomitantes (ansiedad, ataques de pánico o abuso de sustancias). Aunque existe una amplia variedad de factores de riesgo asociados a la depresión, la presencia de los mismos no permite distinguir entre pacientes deprimidos e individuos sin trastornos del ánimo.

 

La realización de dos preguntas simples para evaluar el estado de ánimo y anhedonia es igualmente efectiva en la detección de pacientes con trastornos de depresión frente a instrumentos o cuestionarios más complejos

Se recomienda la realización periódica de cuestionarios para la detección de la depresión, síntomas somáticos sin explicación, condiciones de comorbilidad psicológica (desordenes de pánico, ansiedad generalizada), historial de abuso de sustancias o dolor crónico. El beneficio de la realización rutinaria de cuestionarios para la detección de trastornos de depresión en niños y adolescentes es desconocido.

 

Los médicos deben estar alerta a la posible aparición de signos de depresión en pacientes jóvenes

El valor predictivo de los cuestionarios de detección es menor en niños y adolescentes con respecto a adultos.

 Los riesgos potenciales de la realización de practicas de detección de la depresión incluyen los falsos positivos, la inconveniencia de practicas diagnosticas adicionales, el costo y los efectos adversos de la terapia antidepresiva en aquellos pacientes identificados incorrectamente como depresivos

 

Manejo General de la Depresión

El manejo general de la depresión incluye la aplicación de una amplia variedad de intervenciones y actividades.

Componentes para el manejo adecuado de la depresión

Evaluación diagnostica Seguimiento de la eficacia del tratamiento
Evaluación de la seguridad del paciente Provisión de educación al paciente y a la familia
Evaluación de impedimentos funcionales Optimización de la adherencia al tratamiento
Determinación del lugar del tratamiento Trabajo conjunto con el paciente para evitar la aparición de recaídas

1. Evaluación diagnostica

Una vez detectada la presencia de un trastorno depresivo se deberá realizar una evaluación psiquiátrica completa, que debe incluir:

  • Historial de la enfermedad actual y síntomas relacionados
  • Historial psiquiátrico, (incluyendo síntomas de manía, historial del tratamiento con registro de respuesta a tratamientos previos)
  • Historia medica general
  • Antecedentes de abuso de sustancias
  • Historia personal (desarrollo psicológico, respuesta a transiciones de la vida, eventos de estrés)
  • Historial ocupacional y familiar
  • Examen del estado mental
  • Examen físico
  • Tests diagnósticos

2. Evaluación de la seguridad del paciente

Considerado el alto riesgo de suicidio asociado al trastorno depresivo, es importante preguntar al paciente deprimido si tuvo ideas o intentos de suicidio. Pacientes con ideas suicidas deben ser derivados de manera urgente e inmediata a especialistas en psiquiatría con el probable requerimiento de hospitalización. Pacientes agitados o altamente ansiosos y aquellos que carecen de soporte social presentan riesgo incrementado de practicas suicidas.

 

3. Evaluación de impedimentos funcionales

La depresión se asocia frecuentemente con impedimentos funcionales, por lo que resulta necesaria la evaluación de la presencia, tipo y severidad de dichos impedimentos, los cuales incluyen déficit en relaciones interpersonales, trabajo, condiciones de vida y otras necesidades médicas o de salud. Los impedimentos funcionales detectados deberían abordarse adecuadamente. Algunos pacientes pueden necesitar asistencia en la programación de las ausencias al trabajo u otras responsabilidades. Otros requerirán de aliento por parte del medico para no realizar cambios drásticos en su vida durante un estado depresivo.

 

4. Determinación del lugar de tratamiento

El tratamiento de pacientes deprimidos puede ser llevado a cabo mediante niveles de atención diferentes, desde las hospitalizaciones involuntarias a un programa de cuidado ambulatorio. El especialista en psiquiatría debe elegir el lugar apropiado para realización del tratamiento, evaluando las condiciones clínicas del paciente (severidad de los síntomas, comorbilidades, tendencia al suicidio y nivel de funcionalidad). La elección del sistema de tratamiento debe incluir consideraciones en cuanto a la habilidad del paciente en el auto cuidado, la relación del paciente con el especialista y la cooperación del mismo con el tratamiento antidepresivo. Pacientes con tendencias suicidas e ideación homicida requerirán de un plan terapéutico con seguimiento intensivo. La hospitalización del paciente deprimido suele ser necesaria en aquellos que representan una grave amenaza de daño a si mismos o a otros. Pacientes severamente enfermos que no cuentan con soporte social deben ser considerados para la hospitalización o para ser incorporados a un programa de seguimiento ambulatorio. Otros pacientes que probablemente requieran de hospitalización son aquellos con condiciones médicas o psiquiátricas complicadas o que no responden al tratamiento ambulatorio.

 

 

5. Establecimiento y mantenimiento de la terapéutica

Independientemente de la modalidad de terapia seleccionada para el paciente con depresión, es importante que el especialista en psiquiatría establezca una alianza terapéutica con el paciente. La depresión requiere que el paciente participe activamente y se adhiera al plan terapéutico por periodos prolongados. Varios aspectos asociados al cuadro depresivo reducen el nivel de adhesión y eficacia clínica del tratamiento antidepresivo.

 

 

Tanto los antidepresivos triciclicos como algunos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina producen una amplia variedad de efectos colaterales que pueden afectar la adhesión al manejo farmacológico

Factores que reducen el nivel de adhesión al tratamiento antidepresivo

Baja motivación

Pesimismo en relación con la eficacia del tratamiento

Disminución en la capacidad cognitiva

Cuidado personal reducido

Daño auto infligido intencionalmente

 

 

Un tratamiento antidepresivo exitoso requiere, además, que el paciente tolere los efectos adversos asociados a fármacos antidepresivos. Tanto los antidepresivos triciclicos como algunos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina producen una amplia variedad de efectos colaterales que pueden afectar la adhesión al manejo farmacológico.

 

6. Seguimiento de la eficacia del tratamiento

Durante el tratamiento del paciente con depresión pueden aparecer o subsistir diferentes síntomas relacionados con la enfermedad. Resulta esencial el seguimiento continuo del estado del paciente, especialmente ante la aparición de impulsos destructivos. En pacientes en alto riesgo se debe considerar la hospitalización o la intensificación del régimen terapéutico. Es necesario tener en cuenta la necesidad de rediagnosticar al paciente en caso de cambios significativos en su estado psiquiátrico o de aparición de nuevos síntomas.

 

 

 

7. Proveer educación al paciente y a la familia

Todos los pacientes deben ser educados en cuanto a la depresión y su tratamiento. En algunos casos será necesario considerar, además, la educación del entorno familiar abocada al cuidado del paciente. Las pautas de educación del paciente con depresión se basan en la concientización de que la depresión es una enfermedad real y de que el tratamiento de la misma es necesario. Estas pautas son cruciales en pacientes que atribuyen su enfermedad a un defecto moral y en los casos en los que el entorno familiar desconoce la enfermedad del paciente. La educación de los pacientes en cuanto a las estrategias terapéuticas disponibles ayuda en la toma de decisiones, en la anticipación de efectos adversos y en la adhesión al tratamiento.

 

Las pautas de educación del paciente con depresión se basan en la concientización de que la depresión es una enfermedad real y de que el tratamiento de la misma es necesario

8. Optimización de la adhesión al tratamiento

El beneficio clínico del tratamiento de la depresión depende del cumplimiento del plan terapéutico. La adhesión al tratamiento del paciente deprimido se ve comprometida por una motivación pobre, una percepción pesimista sobre la probabilidad de recuperación, la presencia de déficit en la memoria y el escaso cuidado personal. La aparición de efectos adversos o requerimientos especiales durante el tratamiento antidepresivo contribuyente de manera adicional a la falta de adhesión, particularmente en la etapa de mantenimiento, en el cual el paciente deprimido puede subvalorar los beneficios de la terapéutica. Se ha comprobado que la explicación por parte del psiquiatra de diversos aspectos del tratamiento mejora la adhesión al mismo.

Comentarios a realizar al paciente con depresión para mejorar la adhesión al tratamiento.

 

Explicarle cuando y como tomar la medicación
Explicarle la necesidad de 2-4 semanas para observar beneficios clínicos con el tratamiento farmacológico
Explicarle la necesidad de tomar la medicación siempre, aun cuando se sienta mejor
Explicarle la necesidad de consultar al medico antes de la discontinuación del tratamiento
Explicarle que hacer ante la aparición de problemas y/o preguntas relacionadas con el tratamiento

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La reducción de la complejidad del régimen terapéutico y de los costos del mismo mejora la adhesión al tratamiento, especialmente en pacientes ancianos. Otra estrategia para optimizar el apego es involucrar a los familiares cercanos en las pautas del tratamiento antidepresivo.

9. Trabajo conjunto con el paciente para evitar la aparición de recaídas

Dado que la depresión es un trastorno crónico caracterizado por episodios de exacerbación, tanto el paciente como su entorno familiar deber ser educados en la importancia del riesgo de recaídas, a fin de que sean capaces de identificar tempranamente los signos y síntomas de nuevos episodios de depresión. Los pacientes deben ser instruidos para iniciar rápidamente el tratamiento antidepresivo adecuado para reducir la gravedad de la exacerbación y las complicaciones del nuevo episodio depresivo.

 

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Neurobiología y Psicoanalisis

Articulo de un Blog que leo…saludos.

http://malestarpasajero.wordpress.com

Desde que en 1920 el médico vienés Sigmund Freud decretara el divorcio entre psicoanálisis y neurología, bajo el argumento de que los conocimientos de entonces sobre la actividad neuronal no le alcanzaban para dar cuenta de sus complejos estudios y teorías sobre la psiquis, ambas disciplinas no habían vuelto a convivir. El trabajo conjunto de dos investigadores suizos encuentra ahora, a través del concepto de “plasticidad neuronal”, el puente que podría saldar diferencias entre ambas.

Desde que en 1920 el médico vienés Sigmund Freud decretara el divorcio entre psicoanálisis y neurología, bajo el argumento de que los conocimientos de entonces sobre la actividad neuronal no le alcanzaban para dar cuenta de sus complejos estudios y teorías sobre la psiquis, ambas disciplinas no habían vuelto a convivir.Sólo la psicología cognitivo-conductual se nutrió del gran avance de la neurobiología en los últimos 20 años, con la resonancia magnética y la tomografía por emisión de positrones (PET), tomando imágenes del cerebro en funcionamiento. Sin que eso haya cambiado demasiado, hay investigadores que trabajan para restablecer el contacto, y aseguran haber encontrado un puente justamente en uno de los conceptos más avanzados de las neurociencias: el de plasticidad cerebral, que es la capacidad de las neuronas de regenerarse y de establecer diferentes conexiones entre sí, creando asociaciones nuevas y deshaciendo otras. La plasticidad cerebral es el descubrimiento que le valió el Nobel de Medicina a Eric Kandel en 2000; los escasos pero avanzados trabajos que buscan puntos de contacto entre este y el psicoanálisis, que en la Argentina es la más difundida de las líneas psicoterapéuticas, están siendo sintetizados por los especialistas suizos François Ansermet –psicoanalista, profesor de psiquiatría infanto juvenil en la Universidad de Lausana– y Pierre Magistretti, doctor en Biología de la Universidad de California, estudioso del metabolismo de la energía cerebral, autor de más de 100 trabajos científicos y premiado en 2002 por el Instituto Max Planck de Munich con la medalla Emil Kreppelin. Ambos protagonizaron un seminario organizado conjuntamente por la Asociación Psicoanalítica Argentina y la Fundación Favaloro en Buenos Aires. La huella en la memoria. Nuestras 100 mil millones de neuronas, cada una de las cuales puede establecer a su vez hasta 10 mil conexiones independientes llamadas sinapsis, a través de las cuales se transmite el flujo nervioso, no están asociadas entre sí definitivamente. Esas conexiones cambian a lo largo de la vida del individuo. Ansermet explica que en las neuronas queda una memoria de esas sinapsis aunque éstas desaparezcan, e identifica a estas huellas sinápticas con las huellas mnémicas (“de la memoria”), los recuerdos conscientes e inconscientes con los que trabajan los psicoanalistas. Esas huellas aparecen asociadas o disociadas entre sí conformando una especie de “mapa” de las conexiones neuronales, y tienen que ver tanto con otras ideas o recuerdos como con estados de ánimo, sensaciones de placer y displacer e incluso con estados somáticos o fisiológicos, ya que todos ellos son regulados por el sistema nervioso central en el cerebro. Tomando distancia de la línea dominante en los estudios sobre la conducta, estos especialistas sostienen que en el ser humano no sólo el mundo exterior debe ser considerado como proveedor de “estímulos”, sino también el mundo interno. Por eso un recuerdo o pensamiento –fisiológicamente, una “huella” que involucra a algunas neuronas del cerebro– “conecta” inmediatamente con estados de ánimo, con otros recuerdos o con estados psicosomáticos, lo mismo que un hecho actual. Esta sería, muy grosso modo, la razón de la función terapéutica del psicoanálisis, la “cura por la palabra”: mediante el trabajo en la terapia, las asociaciones entre las huellas pueden cambiar, asociarse libremente con otras, de modo que el pensamiento y la palabra se convierten –no sin riesgos– en “estímulos” capaces de reacomodar ese mapa que asocia determinadas ideas a determinados estados. A cada cual su cerebro. El trabajo conjunto de Ansermet y Magistretti se publicó en castellano con el sugestivo título A cada cual su cerebro. La idea no es sólo que no existe un cerebro humano “normal”, sino que las redes neuronales se van conformando de forma particular en cada persona a través de su experiencia. Las experiencias cercanas al nacimiento inscriben huellas mucho más estables e inaccesibles, por ejemplo. Pero en general las conexiones neuronales pueden reorganizarse y por lo tanto, modificarse las huellas. Y van más allá: tampoco existe una respuesta “normal” de un mismo sujeto frente a un estímulo, porque así como el filósofo griego Heráclito decía que como el agua fluye “nunca nos bañamos dos veces en el mismo río”, nadie afrontaría la misma experiencia ni pensaría dos veces con el mismo cerebro. Programado para ser libre. Para Ansermet, el descubrimiento de la neuroplasticidad prueba que el sujeto está “programado para ser libre” o, como también dijo, “estamos genéticamente programados para no estar genéticamente programados”. La objeción fue que también el cerebro de los animales cuenta con el mecanismo de plasticidad neuronal –de hecho, según se ocupó de recordar Magistretti, el descubrimiento se hizo estudiando a los ratones–; el chiste fue que ése es problema de las neurociencias, no del psicoanálisis. En efecto, sobran incógnitas, como hasta qué punto gente de ambas disciplinas podrá seguir trabajando en conjunto, y si siguieran, para qué serviría. De hecho, advirtieron que “explicar una disciplina con los conceptos de otra llevaría a un reduccionismo que empobrecería a ambas a la vez”. Ansermet advirtió, además, que esa libertad humana no debe confundirse con omnipotencia ni con azar: “El hecho de que las huellas sinápticas puedan recombinarse constantemente no significa que no prevalezca la continuidad, que es la que posibilita la existencia del sujeto”. Aquí, simplificando, los números hablan por sí solos: 100 mil millones de neuronas por 10 mil sinapsis cada una, y sólo algunas pocas cambian cuando se “recombina una huella”. Evidentemente somos libres, pero la libertad no se manifiesta continuamente en nuestra vida.

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Aerofobia

Trastornos de Ansiedad >  A E R O F O B I A

AEROFOBIA: El Miedo a Volar

“No es que tenga miedo a volar, pero no lo necesito si hay otros medios de transporte más bonitos y entretenidos, además estoy muy ocupado como para salir de viaje en este momento¡¡”

Le suena esta frase??

El temor de emprender un viaje en avión es muy común y muchas personas refieren inquietud con relación a volar, solo que la mayoría de las personas no lo aceptan y tratan de mostrar seguridad y tranquilidad ante los demás (porque ¡?..No lo sé¡..jaja).

Mucho tiene que ver con el pensamiento “mágico” y nuestra ignorancia de cómo un objeto tan grande, tan pesado y con tantas personas puede elevarse del piso, créame no es magia¡

Es así como encontramos distintos grados de presentar la ansiedad:

Aquellos a los que dicha perspectiva les produce una ligera inquietud, que normalmente se disipa luego del despegue (diversas encuestas encontraron que sólo un 5% de quienes vuelan lo hacen sin ningún tipo de temor o inquietud).

En otros la preocupación es mayor y suelen ayudarse con factores externos, tales como la presencia de un acompañante o en muchos casos el consumo de medicamentos ansiolíticos antes de salir para el aeropuerto, con eventual refuerzo antes de embarcar.

Por último, están aquellos que presentan un temor de tal intensidad que anula por completo la posibilidad de un viaje de este tipo.

Las limitaciones y dificultades que genera este trastorno pueden afectar diferentes áreas en la vida de una persona. Muchas veces, el viaje en avión aparece como una necesidad, ya sea por obligación laboral, o por demandas de la dinámica familiar.
Hay un grupo de personas en las que la fobia a volar está presente, pero al no presentar habitualmente la necesidad de viajar por dicha vía, podemos decir que el problema no genera deterioro en su calidad de vida.

¿Quiénes padecen este problema? ¿Por qué ocurre?

Los caminos para llegar al temor a volar son diversos:

  • Una persona con una vida normal sin otros problemas en su vida anímica o social, sólo presenta un miedo desproporcionado a volar. La sola idea puede generarle un estado de ansiedad con síntomas como palpitaciones, inquietud, desesperación, etc. En estos casos el diagnóstico suele ser el de Fobia Simple o Específica. El origen puede estar relacionado con haber vivido alguna situación de peligro real durante un vuelo o bien haberse sentido fuertemente impresionado por la noticia o el relato directo de otra persona. También puede ocurrir en quien ha sido testigo de un accidente o situación de peligro sufrida por una aeronave. (911 por ejemplo)
  • Otro caso frecuente es el de aquellos que sufren de Claustrofobia o temor a los espacios cerrados. Estas personas sienten gran desesperación al encontrarse en recintos cerrados: ascensores, salas pequeñas, aviones.
  • Personas que padecen de Trastorno de Pánico con Agorafobia, que es un trastorno en el cual la persona teme la posibilidad de padecer una crisis de pánico dentro del avión durante el vuelo y lo que les resulta intolerable es la idea de que no podrá bajar de inmediato para obtener alivio o ayuda.
  • Por último encontramos a aquellos que sufren de Trastorno de Ansiedad Generalizada. En este trastorno las personas se preocupan en forma desmedida, siempre piensan que lo peor está por ocurrir en cualquier momento. Hay un pensar constante en la probabilidad de que ocurran eventos negativos y resultará fácil de entender consecuentemente el temor a volar.

¿Es posible superarlo?

La respuesta es sí ¡( si yo pude usted puede¡¡) y la principal tarea del clínico es identificar la causa del temor a volar porque de esto dependerá el tratamiento definitivo.

Todos estos casos suelen responder muy bien a los tratamientos correctos y específicos, el mayor obstáculo suele ser que la persona que lo padece minimice el temor y no confíe en esta posibilidad, no acudiendo a tratamiento, resultándoles inalcanzable la posibilidad de viajar con tranquilidad, “como todo el mundo” y prefieren quedarse como diría un poeta mexicano “volar sin miedo, no es volar ¡ ”.

POR DR. CLAUDIO PLÁ ALÉM, EL FEBRERO 16, 2012

Un pasajero cada 4 es todavía víctima de estrés y de angustias importantes sólo con la idea de tomar un avión. Y esto se da tanto antes de salir como durante el viaje.

El origen del miedo al avión suele estar vinculado a la ignorancia que tenemos acerca de los instrumentos y su confiabilidad lo mismo que de la tripulación y sus habilidades. Uno le tiene miedo a aquello que no conoce o, en este caso en especial, a aquello que no comprendemos.

El avión sigue siendo por mucho el medio de transporte más seguro. Cada día, 5 millones de pasajeros toman un avión.  Cada año, no hay más que algunas decenas de accidentes, y no todos dramáticos.

Aerofobia

Vivir con aerofobia

La aeronáutica es un sector en el cual la seguridad jamás es dejada de lado en favor de las consideraciones económicas. Cada avión es controlado regularmente por las compañías y las autoridades internacionales que emiten las autorizaciones para su uso. En cuanto a las condiciones de vuelo, ellas también están respaldadas por las mejores garantías. La elección de la ruta está determinada por los factores climáticos (se intenta tener el viento a favor y evitar las zonas de fuertes turbulencias) y el tráfico (lo menos atestado posible).

Los pilotos : En cuanto al personal de navegación, está bien capacitado y es controlado varias veces al año. Ellos siguen regularmente un entrenamiento en un simulador en el transcurso de los cuales son confrontados a todo tipo de situaciones de emergencia y catástrofes posibles e imaginables. En regla general, no pueden volar más de un centenar de horas pos mes ni pueden comandar un avión más de 8 horas seguidas.

La tripulación: Generalmente son entrenados para actuar rápidamente a cada pequeño problema que pueda surgir en el transcurso del vuelo.

Si tu eres de los que se sienten más a gusto con los pies sobre la tierra que en el aire, intenta estos pequeños trucos:

La víspera de la partida: Intenta pasar una buena noche, evita las sustancias que puedan excitarte(alcohol, café , tabaco …), come liviano, vístete con ropas amplias, evita el cine catástrofe.

El día de la partida: Prevé de llegar temprano al aeropuerto para no estresarte. Si es posible, reserva un asiento en la parte delantera del avión, al nivel de las alas, ya que es el lugar en donde menos sentirás la turbulencia. Quizás tu médico pueda recetarte un medicamento ansiolítico para relajarte. Visita las tiendas, comprar es un placer que reduce el estrés.

Cuando entre al avión: Puedes prevenir al personal de abordo de tus angustias, esto te permitirá descargarte un poco. Para distraerte, puedes escuchar música, leer, conversar con tu vecino, jugar con alguna consola portátil, concentrarte en las palabras cruzadas, hacer un sudoku o todo aquello que te permita cambiar tus pensamientos.

Ahora, en tu próximo viaje pon en práctica estos consejos y sin duda notarás la diferencia. Si necesitas más información, nosotros podemos ayudarte. 

Publicado en http://voyagesbergeron.blogspot.com/

Fuente “Aerofobia”.- CentroIMA BAs Arg, SASIEM Mty, Mex y Kids Health

Dr. José Aarón Puente Moreno.

Lea información de profesionales.

www.psiquiatriaintegral.com.mx

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Embarazo y Antidepresivos

Hola, retomando la actualización de temas, saludos a todos¡

En esta ocasión anexo un articulo en relación al uso de los antidepresivos durante el embarazo, así mismo les aclaro que aún faltan estudios al respecto, siempre es necesario considerar riesgo beneficio como en el artículo se lee.

Al final la fuente. Saludos y buen inicio de año.

Gerald Briggs contesta:

Todavía no hay un acuerdo al respecto. Algunos estudios de pequeño alcance sugieren que los medicamentos antidepresivos más comunes, los inhibidores selectivos de recaptación de serotonina (ISRS), son relativamente seguros durante el embarazo. Pero tras investigaciones más recientes han surgido algunas dudas. Los ISRS incluyen la fluoxetina (Prozac), la paroxetina (Seroxat y otros nombres), el citalopram (Prisdal y otros nombres), y la sertralina (Aremis y otros nombres) entre otros. Estos estudios no han encontrado diferencias significativas en las tasas de abortos prematuros y bebés que nacen sin vida, entre las mujeres que toman ISRS y las que no.

Existe una clase anterior de medicamentos, la de los tricíclicos, que incluye la amitriptilina (Tryptizol) y la imipramina (Tofranil), y tiene un perfil de seguridad similar. Lo mismo ocurre con otros productos más recientes, como el bupropion (Elontryl), la nefazodona (Dutonin, ahora retirado del mercado en España) y la venlafaxina (Vandral o Dobupal) Sin embargo, un nuevo análisis de datos recogidos en investigaciones anteriores mostró que los bebés de madres que tomaron ISRS durante el embarazo tienen más probabilidades de nacer prematuramente, pesar poco al nacer e ingresar en la unidad neonatal de cuidados intensivos, además de tener problemas de adaptación a la vida fuera del útero. Estas incidencias se daban con más frecuencia en bebés de mamás que tomaban además otros medicamentos para trastornos mentales, que fumaban, o que bebían alcohol.

Estudios más recientes ponen de relieve que casi un tercio de los recién nacidos de madres que siguieron un tratamiento con ISRS en la parte final del embarazo sufrieron síndrome de abstinencia. Los síntomas más comunes fueron temblores, convulsiones, irritabilidad, y más lloros de lo normal. Estos síntomas fueron relativamente benignos y duraron poco, entre uno y cuatro días después del nacimiento.

Algunos ginecólogos recomiendan a sus pacientes embarazadas que reduzcan las dosis o dejen de tomar antidepresivos por completo entre diez y 14 días antes de la fecha prevista para el parto, con el objeto de prevenir los síntomas de abstinencia en el recién nacido. Dos importantes estudios realizados en 2005 encontraron que los bebés de madres que tomaron Seroxat y Prozac en el primer trimestre de embarazo tuvieron mayor riesgo de presentar malformaciones congénitas (defectos de nacimiento). Hay que tener en cuenta que se necesitan más estudios para confirmar estas conclusiones (además, el riesgo absoluto de que los bebés nacieran con defectos siguió siendo pequeño). De todos modos, los expertos recomiendan que las mujeres que toman Paxil o Prozac cambien su tratamiento y usen otros medicamentos durante el embarazo.

Aún más recientemente, otro pequeño, aunque bien diseñado estudio, descubrió que los bebés cuyas mamás tomaron ISRS en la segunda mitad de su embarazo tuvieron seis veces más probabilidades de nacer con un problema respiratorio que, aunque raro, es muy grave. La afección se llama hipertensión pulmonar persistente pero siguió siendo muy poco común entre estos bebés (sólo el uno por ciento llegó a desarrollarla). Hacen falta más estudios para confirmar estos resultados.

Si sufres una depresión clínica, es importante que obtengas el tratamiento que necesitas, sea psicoterapia, medicación antidepresiva o ambas cosas. Según algunas investigaciones preliminares, la falta de tratamiento contra la depresión y la ansiedad durante el embarazo os hace daño a ti y a tu bebé, además de aumentar el riesgo de partos prematuros y de nacimiento de niños con poco peso. La depresión que no se trata puede continuar tras el parto. Muchos estudios han demostrado que si una madre está deprimida después del parto, aumentan las probabilidades de que el bebé sufra problemas cognitivos y de desarrollo social y psicológico. Habla con tu ginecólogo si estás embarazada y notas síntomas de depresión. Pídele que te refiera a un psicólogo o a un psiquiatra. Ellos te ayudarán a determinar el mejor tipo de tratamiento, incluyendo la decisión de si debes tomar antidepresivos.

Si ya los estás tomando y decides dejar de hacerlo durante el embarazo, asegúrate de consultar primero con tu médico. Dejar el tratamiento de repente puede provocar síntomas de síndrome de abstinencia, por lo que debes hacer todo lo posible para recibir el apoyo que necesites una vez que dejes de tomar la medicación.

NOTA: Los antidepresivos conocidos como inhibidores de monoamino oxidasa, como la fenelzina (Nardil) y la tranilcipromina (Parnate), pueden causar malformaciones congénitas. Se desaconseja su uso durante el embarazo porque no se consideran productos seguros.

Pagina fuente.- http://www.babycenter.es/pregnancy/embarazo_seguro/medicinas-cuidado-medico/antidepresivos/

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Trastorno de Ansiedad con Crisis de Pánico

Aquí algunas generalidades y sintomas clinicos del trastorno de Ansiedad con Crisis de Pánico, por cierto, como recomendación lo mismo de siempre en cuanto a exponerse a valoración por personas profesionales en el tema y con Certificación por Consejo.

En cada una de los artículos viene la fuente y la liga, muy recomendables.

Información para las personas con crisis de pánico,
crisis de ansiedad o crisis de angustia

 

 

 

Qué es y qué ocurre durante las crisis de pánico?

Las crisis de pánico afectan al 1,5-3,5 % de la población general, son más frecuentes en mujeres y suelen comenzar en la adolescencia, aunque a veces debutan en personas de mayor edad.

Se manifiestan como episodios bruscos e inesperados, sin causa aparente, de miedo intenso a perder el control, o a que algo horrible va a suceder o incluso miedo a morir, acompañados de síntomas como: dificultad para respirar, dolor en el pecho, palpitaciones, sudación, temblores, sensación de mareo e inestabilidad, hormigueo, nauseas y malestar abdominal.

Por lo general, las crisis duran entre 10 minutos y media hora.  En casi todos los casos las personas que sufren un episodio sufrirán algunos más, ocasionando una gran limitación en el desarrollo de las actividades diarias debido a la ansiedad que causan y al miedo a padecer nuevos episodios y a sus implicaciones.

Otros temores
Muchos personas que lo padecen, presentan además múltiples y variados temores centrados fundamentalmente alrededor de tres aspectos: miedo a abandonar el hogar, miedo a quedarse solo o miedo a encontrarse lejos del hogar en situaciones en las que se sientan atrapados, molestos o indefensos, lo que se denomina AGORAFOBIA.  Estas situaciones se evitan por miedo a que aparezca una crisis de angustia, lo que lleva a estas personas a limitar cada vez más sus actividades.
Su importancia
Los trastornos de pánico constituyen una enfermedad real e importante, que puede afectar seriamente a la vida de la persona que lo padece y que, aunque puede mejorar ocasionalmente, no suele desaparecer a menos que se reciba un tratamiento adecuado.
Tiene tratamiento específico
Esta enfermedad puede controlarse con un tratamiento específico.  Una combinación de psicoterapia y medicamentos (existen varios eficaces) previene crisis posteriores y hace que estas sean cada vez menos frecuentes e intensas, consiguiendo buenos resultados en el 70-90% de las personas que padecen estos trastornos.Para asegurar los mejores resultados terapéuticos es muy importante la constancia en el cumplimiento del tratamiento.
Estrategias para combatir el pánico
  1. Recuerda que aunque tus sentimientos son muy atemorizadores, no son peligrosos ni dañinos.
  2. Comprende que lo que estás experimentando es sólo una exageración de tus reacciones corporales normales ante el estrés.
  3. No luches contra tus sentimientos ni intentes alejarlos, cuanto menos te enfrentes a ellos menos intensos serán.
  4. No aumentes tu pánico pensando qué podría pasar.  Si te encuentras preguntándote ¿qué pasaría si?, contéstate ¡bueno, ya está, sólo es esto!.
  5. Permanece en el presente.  Date cuenta de lo que realmente te está pasando y oponlo a lo que piensas que podría pasar.
  6. Gradúa tu nivel de miedo desde 0 a 10 y mira si sube o baja. Verás que no permanece en altos niveles por más de unos segundos.
  7. Cuando te encuentres pensando qué te va a pasar cambia tu pensamiento y lleva a cabo alguna tarea como contar hacia atrás desde 100 de 3 en 3.
  8. Sé consciente de que cuando tu paras de añadir sentimientos de temor a tu situación, tu miedo comienza a ceder.
  9. Cuando el pánico llega, acéptalo.  Espera y dale tiempo a que pase sin salir corriendo.
  10. Siéntete orgulloso de ti mismo por tus progresos y piensa lo bien que vas a sentirte cuando lo superes esta vez.
Para obtener más información:
En FisterraSalud:

Información y consejos
En otros sitios:

MEDLINEplus: Trastorno de pánico
Family Doctor: Neurosis de ansiedad: ataques de pánico y agorafobia
Autores: 
Mª Rosario Martínez Matías 
(*)
Francisco Alonso Gómez 
(**)
Francisco Javier Rodríguez Alcalá 
(***)
Especialistas en Medicina Familiar y Comunitaria.
(*) C. S. Sta. Mª de Benquerencia, Toledo (España).
(**) C. S. de Almagro, Ciudad Real (España).
(***) Unidad Docente de Medicina Familiar y Comunitaria de Toledo (España).

Otros nombres: Ataques de pánico

El trastorno de pánico es un trastorno de ansiedad. Causa ataques de pánico, que son sensaciones repentinas de terror sin un motivo aparente. También pueden presentarse síntomas físicos, tales como:

  • Taquicardia
  • Dolor en el pecho
  • Dificultad para respirar
  • Mareos

Los ataques de pánico pueden ocurrir en cualquier momento, en cualquier lugar y sin previo aviso. Usted puede tener miedo de otra crisis y evitar los lugares en los que sufrió una crisis anteriormente. En algunos casos, el miedo domina la vida de las personas y no pueden abandonar sus casas.

El trastorno de pánico es más común entre las mujeres que entre los hombres. Suele comenzar entre los adultos jóvenes. Algunas veces comienza cuando una persona se encuentra sometida a mucho estrés. La mayoría de las personas mejora con el tratamiento. La terapia puede demostrarle cómo identificar y cambiar los patrones de pensamiento antes de que lo conduzcan al pánico. Las medicinas también pueden serle de ayuda.

Instituto Nacional de Salud Mental

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Ataques de pánico, neurosis de ansiedad y agarofobia

¿Qué es neurosis de ansiedad?

Neurosis de ansiedad es una condición en la cual una persona tiene episodios de miedo o ansiedad intensa, que ocurre de repente, y con frecuencia sin ningún aviso. Estos episodios —llamados ataques de pánico— pueden durar desde minutos hasta horas. Pueden ocurrir sólo de vez en cuando o pueden ocurrir con bastante frecuencia. La causa o “desecadenante” para estos ataques puede no ser obvia. Un diagnóstico de neurosis de ansiedad usualmente se hace cuando una persona tiene por lo menos dos ataques de pánico que ocurren sin ningún motivo, y que van seguidos de un período de por lo menos un mes con miedo de que otro ataque vaya a ocurrir.

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¿Qué sucede durante un ataque de pánico?

Los ataques de pánico están asociados con síntomas físicos que incluyen lo siguiente:

  • Sacudidas o temblores
  • Sentir que su corazón late con fuerza o aceleradamente
  • Sudar
  • Dolor o malestar en el pecho
  • Sensación de “falta de aire”
  • Sentir que usted se está asfixiando
  • Náuseas
  • Calambres
  • Mareo o debilidad
  • Sentir que se está “saliendo” del cuerpo
  • Hormigueo o adormecimiento de las manos, brazos, pies o piernas.
  • Escalofríos o calenturas

Una persona también puede tener un miedo exagerado de perder el control, volverse loco o morirse durante un ataque de pánico. Es muy raro que una persona tenga todos estos síntomas a la vez. Sin embargo, la presencia de por lo menos cuatro síntomas es una indicación fuerte de que una persona tiene una neurosis de ansiedad.

Muchos de los síntomas que ocurren durante un ataque de pánico son los mismos síntomas de enfermedades del corazón, pulmón, intestinos o del sistema nervioso. Las similitudes entre una neurosis de ansiedad y otras enfermedades puede añadir al miedo y ansiedad que la persona siente durante un ataque de pánico.

Tan sólo el miedo de tener un ataque de pánico con frecuencia es suficiente para desencadenar los síntomas.. Esta es la base de una condición llamada agarofobia. Una persona que tiene agarofobia siente dificultad para dejar su casa (u otro lugar seguro) porque tiene miedo de tener un ataque de pánico en público, o de no poder encontrar una forma fácil de escapar si los síntomas le comienzan.

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¿Debo ir a ver a mi médico si estoy teniendo ataques de pánico?

Muchas personas que tienen ataques de pánico no buscan atención médica por vergüenza o por miedo de tomar medicamento. Si usted tiene ataques de pánico, es muy importante que busque atención médica, y que hable con su médico sobre su problema. Después de que le haya hecho una evaluación cuidadosa, su médico podrá decirle si sus ataques de pánico están relacionados con neurosis de ansiedad o con otro problema. Existen tratamientos simples para ayudar a controlar los ataques de pánico y la neurosis de ansiedad.

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¿Los medicamentos pueden ayudar a las personas que tienen ataques de pánico y neurosis de ansiedad?

Varios medicamentos pueden disminuir la intensidad de los ataques de pánico o acabarlos del todo.

Paroxetina (nombre de marca: Paxil) y sertralina (nombre de marca: Zoloft) son medicamentos antidepresivos que han sido aprobados por la Administración de medicamentos y alimentos de los EE. UU. (FDA) para el tratamiento de la neurosis de ansiedad. Los antidepresivos son muy efectivos para prevenir la ansiedad y los ataques de pánico. Con frecuencia, éstos hacen que los ataques paren por completo. Usted no tiene que estar deprimido para que le sirvan. Los efectos secundarios usualmente son leves. Los antidepresivos no le hacen perder control ni le cambian su personalidad. Estos medicamentos pueden ser usados por el tiempo que sean necesarios; incluso por años.

Alprazolam (nombre de marca: Xanax) y clonazepam (nombre de marca: Klonopin) también son medicamentos aprobados por la Administración de medicamentos y alimentos de los EE. UU. para tratar la neurosis de ansiedad. Estos medicamentos alivian el miedo y la ansiedad. Solamente se deben usar por un período de tiempo corto (de unas pocas semanas a unos pocos meses) a menos de que usted absolutamente no pueda funcionar sin ellos. Nunca deje de tomar súbitamente uno de estos medicamentos. Si usted necesita interrumpirlos, estos medicamentos deben disminuirse gradualmente durante varias semanas bajo la supervisión de su médico.

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¿La asesoría psicológica puede ayudar a las personas que tienen ataques de pánico y neurosis de ansiedad?

Varios tipos de asesoría psicológica son muy efectivos para tratar los ataques de pánico y la neurosis de ansiedad. Usted le puede preguntar a su médico acerca de los distintos tipos de asesoría psicológica que hay disponible. La asesoría psicológica no funciona tan rápido como los medicamentos, pero puede ser igual de efectiva. La combinación de asesoría y medicamento parece ser un tratamiento efectivo para los ataques de pánico y la neurosis de ansiedad.

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¿Cuánto tiempo dura el tratamiento?

Cuánto tiempo continúa el tratamiento depende de usted. Una meta razonable es hacer que los ataques de pánico paren por completo. Su médico le diseñará un plan de tratamiento sólo para usted. Usualmente se recomienda un período de tratamiento que dure por lo menos seis a nueve meses. Algunas personas que toman medicamento para neurosis de ansiedad pueden dejar el tratamiento después de un período de tiempo corto. Otras personas necesitan continuar los tratamientos durante un período de tiempo largo, o incluso durante toda la vida.

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Confidencialidad.

Hasta donde un Psiquiatra o Terapeuta esta obligado a guardar confidencialidad o “secreto” de lo que se maneja en la consulta?, como todos sabemos existen parámetros claros en relación a que lo que se habla en el consultorio y se confía al médico o Psiquiatra debe de permanecer confidencial por respeto a nuestro paciente y a la ética en lo laboral, aquí en este escrito del Manual de Psiquiatría de Urgencias, de Kaplan y Sadock, se habla al respecto de “cuando no” se debe de guardar confidencialidad y cuando se puede romper este “acuerdo o secreto profesional”.

 

CONFIDENCIALIDAD Y PRIVILEGIO

 

La confidencialidad se refiere a la obligación del medico de no revelar información sobre el paciente a otros sin permiso especifico del interesado. La violación de la confidencialidad es una causa mayor de acciones judiciales contra psiquiatras. El privilegio es un término que se aplica solo en procedimientos legales; existen en la mayoría, pero no en todas las jurisdicciones estatales. El privilegio se refiere al derecho del paciente de excluir la información dada al psiquiatra del testimonio en un juicio. Hay excepciones a la regla del privilegio: las audiencias por ingreso involuntario y las situaciones en las que el paciente alega una enfermedad psíquica, como en el caso de una defensa basada en enajenación mental.

La sala de urgencia tiene un círculo de confidencialidad, en el que la revelación del material no necesita del permiso del paciente. Están incluidos en ese círculo todos los miembros del equipo terapéutico, los supervisores y los consultores.

Excepciones a la confidencialidad

     Urgencias. En las urgencias verdaderas la información puede ser comunicada a causa de las intervenciones de emergencia, pero debiera hacerse lo posible para obtener el permiso del paciente. La necesidad de recoger una historia – en especial una historia medica, o de consumo de fármacos o drogas— de los familiares o amigos u otros médicos  toma preeminencia sobre la norma de la confidencialidad en tales situaciones.

     Condiciones comunicables. Los casos de niños maltratados y ciertas enfermedades transmisibles imponen su comunicación obligatoria a las instancias oficiales correspondientes. Ejemplo de condiciones potencialmente sujetas a comunicación son: heridas por armas de fuego y cuchillo, accidentes de tráfico, encefalitis, meningitis, toxinfecciones  alimentarias, tuberculosis y mordeduras de animales. El médico debe saber qué debe comunicar, a quién y a dónde.

     Deber de informar a terceros. Los terapeutas tienen una nueva obligación, no solamente con sus pacientes, sino también con aquellos que pueden ser dañados por los mismos. Desde el juicio Tarasoff contra los regentes de la universidad de California, en 1976, numerosos Estados han ordenado que la confidencialidad sea violada cuando existe una amenaza a terceros. La obligación supone la misma responsabilidad de prevenir daños futuros que en los casos sospechosos de maltrato a niños. Sin embargo, aunque la mayoría de las jurisdicciones estatales no han destacado leyes específicas con respecto a ese deber, es aconsejable que los médicos actúen como si dichas leyes existieran. Ha habido dos decisiones “Tarasoff”. En la primera (Tarasoff I), debido a la alegada “especial” relación ente los terapeutas y los pacientes, aquéllos tienen una obligación asimismo especial hacia las víctimas. Esta obligación se interpreto solamente como el deber de avisar a la probable victima.  Después, el tribunal amplio esta conclusión (Trasoff II), sentenciado que los terapeutas tienen la obligación de dar los pasos razonables para proteger a terceros en peligro (se puede imaginar que por medios tales como avisos a la posible victima e ingreso involuntario del  enfermo).

En resumen, cuando un paciente amenaza con dañar gravemente a una persona dada, y cuando está claro que llevará a cabo la amenaza, se piensa, por lo general, que el terapeuta tiene la obligación de violar la confidencialidad y de avisar y proteger a la posible victima.

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PAIDOPSICOFARMACOLOGÍA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un extracto breve del “Manual Clínico de los Antidepresivos”, escrito por el Dr. Victor R. Uriarte Bonilla, Profesor e Investigador de la Facultad de Psicología y Medicina de la UNAM., en donde habla del manejo de medicamentos psiquiátricos en general en la población infantil y algunas sugerencias en relación a la información que debe manejarse con los padres, cuidadores y maestros de estos niños que son medicados.

PAIDOPSICOFARMACOLOGÍA

Introducción

Tanto el diagnostico como el tratamiento de la depresión y de otras patología en la infancia difieren de maneras significativa respecto a loa adultos, de modo que su manejo requiere un espacio aparte.

Uno de los argumentos que se esgrimen como base  de esta importante diferencia es que el cerebro del niño es distinto. Por lo que su química responde a los agresores psíquicos y físicos de manera distinta, a como lo hace el adulto, manifestándose con otros trastornos, además de que también responde diferente a los antidepresivos, por lo menos en algunos parámetros.

En México es común que a los niños con trastornos mentales los neurólogos le prescriban medicamentos, en parte porque “se cree” que los psiquiatras infantiles tienen poco conocimiento  de los psicofármacos, puestos que  un grupo de ellos solo se dedica a la psicoterapia, además de que los maestros, los psicólogos y los  pedagogos asignan con mucha facilidad el termino  “orgánico”  a un niño que tiene cualquier  trastorno de aprendizaje, en especial el trastorno por déficit de atención con hiperquinesia o cualquier alteración en la conducta que no parece tener un origen psicológico . El hecho de que los niños con problemas mentales ocasionados por una lesión orgánica-cerebral deberán ser atendidos por un neurólogo es parte de confusión de manejo que se da en este país.

Un aspecto que jamás deberá omitirse es la aclaración a los padres, terapeutas y maestros de las características del cuadro clínico psiquiátrico, así como el objetivo del tratamiento con fármacos,  Asimismo, hay que mencionar  con mucha precisión  los síntomas que se quieren modificar y los efectos colaterales que se esperan, y despejar cualquier duda al respecto, en particular sobre el riesgo de farmacodependencia.

Farmacocinética

Para valorar satisfactoriamente los efectos clínicos de lo psicofármacos en los niños es importante considerar las características biológicas propias de esta edad, ya que los medicamentos se estudian sobre todo en los adultos jóvenes. Las diferencias fundamentales consisten en:

  1. Menor capacidad para unir los fármacos a sus proteínas plasmáticas, por lo que existe una cantidad mayor del medicamento libre y activo.
  2. Los medicamentos se metabolizan con mayor  rapidez en el hígado, casi el doble de la velocidad promedio del adulto, de modo que la vida media y los niveles plasmáticos disminuyen.
  3. La cantidad del tejido adiposo es 70% menos que el adulto, así que los niveles plasmáticos se elevan y disminuyen bruscamente, dado que este tejido de reserva es limitado, observándose más efectos  colaterales y terapéuticos. Una sobredosis puede llegar a ser más peligrosa en un niño.

Pero esta diferencia no es solo cuantitativa, sino  cualitativa, ya que el órgano al que se dirigen estos medicamentos es distinto, pues se encuentra en proceso de maduración, donde los neurotransmisores y el grado de mielinizacion  — como la arborización dendrítica ——- difieren del cerebro adulto; por ello, los resultados no son los mismos.

Todavía se desconoce si el niño es igualmente sensible que el adulto a los mismos niveles plasmáticos de los fármacos en el cerebro, por lo que se sugiere que la administración de los psicofármacos durante la primera edad requiere dosis menores y mayor fraccionamiento, para obtener niveles mas estables en sangre: no obstante, la guía fundamental tendrá que ser la respuesta clínica.

Precauciones

La población infantil de EUA toma cantidades importantes de psicofármacos, llegando a ser de 5%. La mayoría los recetan los pediatras y los médicos familiares, pero en un buen grupo el diagnostico, la indicación y el efecto terapéutico son dudosos. A pesar de las limitaciones de muchos psicofármacos, a menudo se recetan sin que exista un adecuado seguimiento y tampoco se define con precisión los síntomas que desean modificarse.

Antes de la prescripción de cualquier antidepresivo es importante realizar una minuciosa exploración medica, para valorar el estado de salud general de paciente y descartar trastorno metabólico, neurológicos, infecciosos y endocrinopatías, entre otros padecimientos que a menudo alteran el estado mental del menor. Cualquier trastorno físico o mental en el escolar se manifiesta como un problema de aprendizaje y conducta, por lo que se tiene que evitar el extendido concepto de que  de que estos niños solo requieren clases  extra por la tarde o una terapia familiar. Un problema en la práctica clínica cotidiana es que los niños son sometidos a tratamientos ineficaces durante años, sin la menor señal de cambio y con un importante déficit en el desarrollo del menor, por lo que deben evitarse.

Todos los antidepresivos pueden provocar conductas agresivas y autodestructivas, de modo que es importante una evaluación estrecha durante las primeras semanas de tratamiento.

Los niños, en especial los que presentan retardo mental, no tienen la capacidad para reportar los efectos colaterales, por lo que  se exige una estricta vigilancia del medico cuando los prescriba. Se recomienda que conozca directamente del niño y sus efectos colaterales y terapéuticos, ya que es frecuente que solo interrogue a la madre sin haber visto siquiera al menor o sin lograr una adecuada comunicación.

En la mayoría de los casos los psicofármacos deben prescribirse como parte de un tratamiento integral y no como un tratamiento aislado o un factor curativo único.  Ello exige una evaluación del medicamento por el resto de los terapeutas (lenguaje, aprendizaje) y por parte de los maestros y los padres.

No es conveniente aplicar fármacos a los niños con la perspectiva psicopatológica del adulto —- sea que se trate de un síndrome o de un síntoma —-, ya que el haber trasladado esa nosología directamente  provoco un enorme desconcierto y dio lugar a tratamientos ineficaces.

No hay que olvidar que con la excepción de los antipsicóticos, los anticonvulsivos y  los estimulantes, el resto de los psicofármacos tienen una capacidad terapéutica limitada en la infancia y en muchos casos su utilidad esta en entredicho.

Cualquier psicofármaco puede alterar la capacidad cognitiva, la atención, la concentración, el interés y la exploración del medio ambiente y la conducta familiar y escolar del menor, de manera que resulta de gran utilidad realizar un escrutinio tanto en la familia como en la escuela mediante escalas de valoración, para asegurarse de los cambios que se están provocando. Los fármacos que más dificultades ocasionan son los anticonvulsivos, los antidepresivos triciclico y los antipsicóticos; los dos últimos tienen un efecto anticolinérgico muscarinico, en especial  las sobredosis.  Es importante mantenerse alerta con todos los medicamentos que tengan un efecto sedante, ya que pueden abatir la motivación, el interés, la concentración y otros factores necesarios para la exploración del mundo extremo y propio del menor. Donde el problema se agrava es en el caso del retardo mental, que de suyo es limitante, por lo que agregar una sustancia que a determinada dosis dificulta todavía mas el aprendizaje y la capacidad de ejecución implica hundir aun mas al paciente en su ineficacia; por ello no deben prescribirse estos fármacos como sustituto de otros tratamientos, sino para que las relaciones humanas, la capacidad de trabajo, el aprendizaje y el intercambio social mejoren.

Como se menciono, la mayoría de los psicofármacos mejoran solo algunos síntomas y son pocos efectivos contra los síndromes: por ello, el tratamiento no debe oscurecer el cuadro nosológico de base, sea por sus efectos colaterales o por los terapéuticos; no obstante,  poder eliminar algunos síntomas puede ser factor clave para el desarrollo del menor.

Hay que evitar el mito de que los psicofármacos se usan solo para trastornos orgánicos  y la psicoterapia para trastornos por experiencias traumáticas o vivenciales; el ejemplo típico es que el síndrome de Down (obviamente orgánico) no responde al tratamiento farmacológico y si a la terapia conductual, en tanto que la enuresis idiopática responde a los psicofármacos como no lo hace a ninguna de los otros tratamientos.

No esta por demás insistir en cuan grave es dar un medicamento innecesario, como negarlo cuando realmente es de ayuda. No se deben prescribir medicamentos nuevos en el mercado, cuya valoración no este probada en los niños (esto es mas frecuente de lo que el medico se imagina).

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